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  • Eric Manquez

Una entrevista con Swami Chidananda

Introducción


Nacido en India del Sur en 1916, el hijo mayor de una familia de brahmanes ortodoxos, Swami Chidananda fue inspirado a una edad temprana por los cantos devocionales y las historias de las escrituras hindúes. Durante sus años de universidad, las vidas y enseñanzas de santos modernos como Sri Ramakrishna, Swami Vivekananda, Ramana Maharshi y Swami Ramdas, despertaron en él una fuerte aspiración por la vida espiritual. En 1943 se unió al ashram del renombrado santo y sabio Swami Sivananda, el fundador de la Divine Life Society, cuyos apasionados escritos espirituales lo habían cautivado desde hacía mucho tiempo. El ashram de Sivananda, que por ese entonces consistía sólo de unos pocos edificios, estaba ubicado en los bancos del Ganges, en las faldas de los Himalayas cerca de Rishikesh, India. Durante ese periodo de su vida, Swami Chidananda, entre otras actividades, dio conferencias, atendió a visitantes del ashram, y sirvió a los enfermos, expresando lo que se convertiría en una preocupación de por vida por el bienestar de los leprosos. Tarde en 1959, fue enviado por Swami Sivananda en un tour internacional de enseñanza, y eventualmente le sucedió como presidente de la Divine Life Society luego de que Sivananda falleciera en 1963. La vida de Swami Chidananda ha sido desde entonces de casi continuos viajes, tanto dentro como fuera de India, en la causa del objetivo central de la Divine Life Society: la diseminación del conocimiento espiritual.


Cuando Andrew Cohen telefoneó desde Australia y nos preguntó si podíamos entrevistar a Swami Chidananda respecto al rol del celibato en la vida espiritual, nuestra primera reacción fue: “¿Cómo va Swamiji a hacerse del tiempo necesario?” Pero nuestra segunda reacción fue que, si había en el mundo alguien con entendimiento práctico del celibato, ese era precisamente Swamiji, y por lo tanto debíamos hacer la solicitud.


Así, cuando Swamiji regresó al ashram unos días después por cinco días para la adoración de Navaratri, le entregaron nuestra solicitud escrita. Esa noche, después del satsang (una reunión con un maestro espiritual), se volvió hacia mí y me dijo que, como no le sería posible hacerse el tiempo durante los próximos días, si no nos resultaba inconveniente, podríamos reunirnos con él en un par de semanas cerca de Delhi. El lugar era una casa de campo que se le había pedido inaugurar oficialmente y bendecir, y donde pasaríamos unos días descansando. Nosotros accedimos de inmediato, y así, hacia fines de octubre, durante cuatro días completos, no sólo tuvimos un tiempo para compartir informalmente con él, sino que además nos las arreglamos para grabar cinco horas de conversación sobre el tema de este número de What is Enlightenment?


Nuestra entrevista se suponía que comenzaría ya avanzada la mañana del primer día, pero Swamiji estaba exhausto, así que lo vimos por primera vez cuando se nos unió en una caminata al atardecer. Mientras caminábamos lentamente a lo largo del sendero campestre, nos topamos con un cuidador apostado en una reja. Swamiji se detuvo y tuvo con él una conversación de quince minutos. No comprendimos la mayor parte de la plática en Hindi, pero nos dimos cuenta de que estaba indagando acerca de la familia del cuidador y de su lugar de residencia. Al avanzar, vimos que otra vida había sido tocada por quien aún es en su corazón un monje sencillo, cuyo propósito en la vida es hacer tanto bien como sea posible, a tantas personas como pueda.


Cuando regresamos de nuestra caminata e íbamos subiendo los peldaños, Swamiji se volvió hacia nosotros y dijo: “El tema del brahmacharya, o celibato, o auto restricción, no necesariamente tiene en la sociedad Hindú conexión con la vida espiritual o sadhana (práctica espiritual), o con la auto realización. No es normalmente discutida o recomendada sólo con un afán de promover la vida espiritual.” Cuando ya habíamos subido la escalera y lo seguimos a su habitación, Swamiji continuó, describiendo la vida social tradicional de los Hindúes y cómo esta se relaciona con el tema del brahmacharya y la vida sexual, para que pudiéramos comprender el contexto amplio en que el brahmacharya es visto en la tradición Hindú.


En la antigua India, nos explicó, la vida de una persona se consideraba como un período de cien años, divididos en cuatro etapas. La primera etapa era la del estudiante, o etapa del brahmacharya, en que se esperaba que los jóvenes estudiaran con ahínco, cultivaran bien su cuerpo, y se prepararan en todos los aspectos para su futura vida adulta. Durante esta etapa se esperaba que observaran un estricto celibato.


La segunda etapa era la del cabeza de familia, en que el ejercicio de la facultad sexual se daba por hecho y era reconocido como una parte legítima de la vida humana; era considerado como un deber fundamental de la familia el ofrecer progenie para formar la siguiente generación. Swamiji prosiguió: “Por supuesto, su práctica no debía ser desmedida; de otra forma, sería degradante. Pero recibía total aprobación social.


“La tercera etapa de la vida era la de retiro, cuando la pareja traspasaba a los hijos la carga de ganarse la vida y volvían sus mentes a cosas más elevadas,” Swamiji explicó. “Aquí otra vez se comienza a practicar el brahmacharya como parte del sadhana.


“Luego, durante la cuarta etapa, la vida completa debía ser dedicada a Dios. Uno se convertía en sannyasin, o monje, y entonces por supuesto el celibato era automático. Puedes ver entonces que el concepto de brahmacharya era parte importante de la tradición social de la India Hindú. En su sentido más acotado, brahmacharya significaba completo celibato, pero en su sentido más amplio, como se aplicaba a la vida de un cabeza de familia, significaba auto control, no abusar de la función sexual, y ser estrictamente fiel a la pareja.”


Nuestra conversación luego derivó en el rol de las prácticas espirituales y cómo estas ayudan a elevar la conciencia al promover las tendencias más excelsas dentro de nosotros. “La gran, gran mayoría de los seres humanos son sólo animales humanos,” dijo Swamiji. “Están totalmente enraizados en la conciencia corporal. No tienen idea alguna de ser algo más, algo diferente. Incluso su función mental es instintiva. Todo es una mera reacción a lo que les sucede, no un ejercicio intencionado e independiente de su facultad mental. No tienen tiempo para eso. Desde el momento en que se levantan, están absorbidos por sus actividades diarias.


“Y de lo que se trata toda la vida espiritual,” continuó, “es de una gradual eliminación, erradicación, del animal interior, y del refinamiento o purificación y de la educación de la naturaleza humana en su totalidad, de manera que pierda su movimiento hacia cualquier dirección y comience a tomar una dirección vertical ascendente. Una vez que la naturaleza humana recibe un empuje hacia arriba, uno simultáneamente comienza a despertar la Divinidad dormida con la ayuda de sus prácticas espirituales. Si uno sabe que el proceso espiritual, la vida espiritual, es la eliminación de lo animal, el refinamiento y la redirección de lo humano, y el despertar y el despliegue de lo Divino, entonces todas las prácticas espirituales, incluyendo el rol que el brahmacharya juega, caen en su lugar correcto.”


Swamiji parecía haber disfrutado nuestra primera conversación. Sonrió y dijo: “Así que debemos agradecer a Andrew Cohen, pues en el fondo él está detrás de todo esto, es la raíz de todo esto. Mañana empezaremos a discutir las preguntas una por una.”


Nuestros diálogos durante los días siguientes revelaron un lado de Swamiji que no es a menudo visible. Normalmente uno ve en él lo que uno esperaría de un santo – santidad, dulzura, alegría, constante consideración por los demás, belleza de movimiento, y una presencia que hace sentir sutilmente en los corazones de aquellos que se cruzan por su camino. La siguiente entrevista aquello de lo que un santo está verdaderamente hecho. Ayuda a completar el cuadro.


Los canadienses Bill Eilers y Susan Eilers (Swami Atmaswarupananda y Swami Amritarupananda) son hace tiempo residentes del Sivananda Ashram y ambos han tomado los votos monásticos de por vida. Entre otras actividades, trabajan juntos como equipo para preparar las enseñanzas de Swami Chidananda para su publicación.

por Bill Eilers y Susan Eilers.

Revista What is Enlightenment?


Entrevista

Pregunta: Siempre se ha dado al celibato o brahmacharya un lugar preeminente en la vida espiritual, y sabemos que tanto Swami Sivananda como usted mismo han reconocido su importancia. ¿Por qué es importante el celibato y cuál es su rol dentro de la vida espiritual?


Swami Chidananda: Una de las razones de su importancia es que nosotros hemos recibido de nuestra herencia espiritual la visión del celibato como un requisito básico, un pre requisito, para la vida espiritual. Y esta visión ha seguido siendo reconocida durante muchos, muchos siglos, durante los cuales la sociedad india ha cambiado, y muchos otros antiguos conceptos han sido descartados.


El hindú normal siempre ha sido progresivo. Nunca ha dudado en cambiar si ha sentido que el cambio puede incrementar su conocimiento y llevarlo en una mejor dirección. Y entrando en contacto con visiones y conocimiento provenientes de otras sociedades, ha habido una progresiva revaloración de nuestros antiguos conceptos y puntos de vista. A pesar de esto, encontramos que el concepto de brahmacharya y la importancia del rol que juega en la vida espiritual, se ha mantenido. Ha pasado la prueba del tiempo; ha sido honrado por el paso del tiempo. Si no hubiese sido algo de valor perdurable, también habría cambiado. Pero no lo ha hecho. Como solía considerársele hace miles de años, lo mismo es considerado hoy en día entre maestros espirituales, gurus y yoguis – con la misma apreciación respecto a su necesidad e importancia.


Otra razón por la que siempre he sido un defensor del celibato es que las altísimas personalidades espirituales cuya influencia me ha moldeado en la vida desde que tengo el recuerdo – personalidades como Ramakrishna Paramahansa, Swami Vivekananda, Sri Aurobindo Gosh, y el mismo Swami Sivananda – todos fueron personas que juraron promesa de celibato. Ellos señalaron que es de la mayor importancia, indispensable. Así que naturalmente cuando estas personas que fueron mi fuente de inspiración en la vida espiritual estaban tan absolutamente claros – no parecían tener duda alguna al respecto – yo me dije, bien, ¡así es! Así que esto decidió el asunto para mí en mi acercamiento a la vida espiritual.


Al brahmacharya, o celibato, es un proceso racional de preservar y conservar preciosa energía de manera que pueda ser utilizada en otras muy esenciales e indispensables funciones. Y si es así preservada, puede ser transformada, de la misma manera que el agua tangible y burda es transformada en sutil vapor. Entonces puede hacer maravillas. Un río puede no tener mucho poder por sí mismo. Puede que uno sea capaz de remar o nadar fácilmente en sus aguas. Pero si es encerrado en una represa y sus aguas son conservadas, entonces tiene el poder, cuando es propiamente canalizado, de hacer girar enormes turbina. Y el cálido sol, incluso en verano, normalmente no provocaría un incendio, pero si uno concentra sus rayos a través de una lupa, esos rayos inmediatamente quemarán cualquier cosa sobre la cual sean dirigidos. Eso es lo que el celibato en realidad es.


Ahora bien, la pregunta interesante es: ¿cuál es el origen, la fuente de esta energía? Después de largos años de teoría y descubrimiento, los físicos modernos han llegado a la conclusión de que lo que existe en la naturaleza no es materia sólida y palpable como tal. Es energía, energía que llena el cosmos entero, todo el espacio.


Y nuestros antepasados han dicho que es la energía cósmica la que sostiene a los cuerpos celestes en su curso. Todos son mantenidos en movimiento por esta misteriosa, inexplicable, indescriptible, inimaginable energía. Y ellos consideraban la energía como algo divino, algo que no tiene principio ni fin. Es eterna y todo lo impregna. No hay un lugar en donde no esté. Y es esta energía la que está presente en los seres vivos en forma de energía sexual. Así, los hindúes consideraban esta energía como sagrada, algo digno de ser adorado, no de ser dilapidado. Decían que esta energía no es otra cosa que la manifestación de la Madre Divina, la energía cósmica; por lo tanto, debería ser considerada con reverencia.


La fuerza cósmica se manifiesta en nuestro sistema como prana (energía vital). Y el prana es la inestimable reserva del buscador. Cualquier actividad o experiencia sensorial consume mucho prana. Y la actividad que más prana consume es el acto sexual. La meta más elevada de la vida humana, el logro espiritual, requiere el máximo posible de energía pránica a todo nivel: mental, intelectual y emocional. El prana es necesario para la reflexión espiritual y la discriminación. El pensamiento deber ser agudo y el intelecto penetrante. El comprender las implicancias profundas de las instrucciones de un guru, requiere un tipo especial de inteligencia. Tú puedes ser una persona muy intelectual, y tal vez puedas aprehender inmediatamente el significado de algo que el guru te esté diciendo, pero si el guru está hablando de un tema abstruso fuera del rango de tu experiencia humana ordinaria, tú requieres un tipo especial de comprensión. Y tal comprensión se desarrolla a través del brahmacharya. Entonces, como decía, todas estas prácticas requieren el uso del prana, y el celibato garantiza que una abundante reserva pránica esté disponible para el buscador. Así que, visto desde este ángulo, es un proceso racional y muy positivo.


Esta es la lógica detrás del celibato. Si tú conservas esta energía vital y la encauzas hacia el proceso espiritual de la contemplación, del estudio y la reflexión filosófica, y la meditación, se traduce en un triunfo, porque has concentrado tu fuerza y has sido capaz de dirigir la energía concentrada al focalizarla en tus prácticas espirituales. De ser preservada, concentrada y encauzada en un canal específico, obra milagros.


Hay aún otra razón por la que el brahmacharya es importante. Y no estoy hablando de personas excepcionales que tienen una súbita iluminación y son de una vez y para siempre elevadas del plano físico de la conciencia corporal hacia otra dimensión, para nunca regresar. En un momento de iluminación, Ramana Maharshi se estableció en el “No soy ni mente ni cuerpo, Ser Inmortal yo soy. No tengo ni tiempo ni espacio, nunca nací”. En un solo segundo – en un momento era tan sólo un estudiante común y corriente, y luego súbitamente se dio cuenta de que él es lo que el Bhagavad Gita describe así: “El fuego no puede quemarte; el agua no puede mojarte; las armas no pueden herirte; el viento no puede secarte. No has nacido, eres permanente, eterno, estás más allá del tiempo. La muerte es nada para ti” – él se estableció de una vez y para siempre en esa experiencia, y nunca se apartó de ese estado. Toda su vida, sin importar lo que sucediera a su alrededor, nada lo tocaba. Nada le afectaba. Pero no estoy hablando de esas personas.


El Vedanta sondeó hace mucho en este tema de la situación humana, y los sabios vieron claramente que 9999 de 10000 están completamente atrapados en un estado de “Yo soy este cuerpo”. Saben de su identidad sólo en cuanto una entidad física, un ser con manos y pies y orejas y ojos, que come, bebe, duerme, habla, hace cosas. Están totalmente amarrados a su cuerpo. Su conciencia se sostiene en el nivel del cuerpo físico. Tal es la situación. Pero la meta del buscador espiritual es la conciencia cósmica, que constituye su realidad interior más allá del tiempo, del espacio, del nombre y de la forma. Así que cuando yuxtapones su estado presente de conciencia y la experiencia que desean alcanzar, puedes imaginarte cuán imposible esto sería si ellos continúan perpetuando esta total identificación con el cuerpo físico y todos sus procesos.


Entre todos estos procesos físicos, la mayoría se han vuelto mecánicos. La mayoría de las personas no está consciente de comer, beber, dormir, evacuar. Pero el proceso en el que más personas se involucran intencionalmente, con gran avidez – deseándolo, pensando en ello, planificándolo y persiguiéndolo – es el goce sexual, lo que significa que este es un proceso que concentra su conciencia toda, toda su mente, su completa atención sobre el cuerpo físico, su identidad física. Desde un ángulo, el acto sexual es el punto culminante de la fisicalidad o animalidad. Es un proceso que forzosamente dirige toda tu atención hacia lo físico, y más aún, lleva la focalización completa de tu deseo y atención hacia esa parte de tu naturaleza física que compartes con todo el reino animal. ¿Va a ser esto útil para lograr la conciencia cósmica?


He aquí entonces un ser humano, el esplendor y la gloria de la creación de Dios, muy por sobre el resto de las especies vivientes, descendiendo al nivel animal burdo, físico y material y entregándose por completo a él: buscándolo, deseándolo, persiguiéndolo, haciendo todo lo que esté en su poder para obtenerlo, complaciéndose en él, y queriendo tenerlo en todo momento al alcance. Eso significa que uno se está encadenando voluntariamente a un nivel de conciencia física.



Si tú eres un buscador espiritual, ¿no puedes ver que estás obrando contra ti mismo? Tienes que liberar tu conciencia de los niveles inferiores y seguir elevándote hacia niveles progresivamente más altos de estados más sutiles y refinados. Pues si todo el proceso espiritual de iluminación es un proceso de elevación hacia un estado más sublime de conciencia, eso implica automáticamente una necesidad de liberarse de los estados de conciencia más burdos. Si quieres avanzar hacia el norte, significa que debes alejarte del sur. Y una de las cosas que te ayudan a liberarte del nivel físico es el celibato. La conciencia cósmica, la conciencia absoluta, es una luz lejana si no reconoces la necesidad de liberarte de tu total identificación con el cuerpo.


Pregunta: ¿Hay etapas particulares en la vida espiritual en que el celibato se haga especialmente importante o incluso esencial?


Swami Chidananda: Sí y no. Desde un punto de vista, el celibato forma la mismísima base. Es la primerísimo etapa, la etapa del ABC. Entonces podemos decir que no es en cierta etapa que se hace importante o indispensable, sino que es esencial desde el mismo comienzo.


Si tu aspiración es ser auténtico y genuino, y si la aspiración va a tomar la forma de un total compromiso con la experiencia espiritual y un total esfuerzo para moverse en esa dirección, entonces debes continuar avanzando sólo en esa dirección. No puedes correr tras dos cosas, porque en ese caso estarías dando un paso adelante y un paso atrás, y nunca progresarías realmente.


La vida espiritual comienza con tu reconocimiento de que en tanto continúes persiguiendo la satisfacción sensual y el placer, no vas a avanzar un solo paso. Todo quedaría en lo académico y teórico. Nuestra aspiración, nuestro deseo de vida espiritual sólo sería en este caso teoría – una fantasía y una impresión. Ni siquiera habrías empezado. Entonces la etapa inicial de la vida espiritual es un alejamiento de la experiencia de los sentidos y la indulgencia en ellos, e implicaría comenzar a moverse en la dirección opuesta.


Swami Sivananda solía decir: “El brahmacharya es la base de la inmortalidad.” Y en muchas partes en los Upanishads dice:”La experiencia de la sabiduría no puede descender hasta alguien que no tiene sus sentidos bajo control y que no ha dominado los caprichos de la mente errabunda.” Por eso no creo que sea en ciertas etapas, sino en toda la vida espiritual, porque la vida espiritual es la trascendencia de tu naturaleza humana, de tu conciencia humana, y si es una trascendencia, tienes que dejar atrás todo lo que constituya tu naturaleza humana, tu fisicalidad. Tendrás que comenzar y perseverar en ello. Entonces ves el celibato como algo positivo, no como algo antinatural. No sientes que estés ejerciendo violencia alguna contra ti mismo.


Finalmente, desde un punto de vista puramente científico y técnico, uno de los Yogas en que el celibato es absolutamente esencial e indispensable, es el Kundalini Yoga (la práctica de la elevación de la energía vital). No hay compromiso con eso. Desde el comienzo mismo es esencial e indispensable, de otra manera puede ser peligroso. Esa es la parte “no” de la respuesta.


La parte “sí” es afirmar que en el contexto total de la vida espiritual en India, hay ciertas etapas y estados en que puede ser altamente espiritual y al mismo tiempo llevar una vida sexual normal. Esto es así especialmente en el camino devocional (bhakti) – personas que han seguido el sendero del amor a Dios, la devoción, la adoración, la oración, el corear el nombre divino, el canto de Sus glorias. Este camino no hace distinción entre un estudiante célibe, un cabeza de familia casado, y una pareja renunciante que vive orientada a la espiritualidad después de haber cumplido sus responsabilidades como administradores de hogar. El sendero devocional parece ser una dimensión espiritual en India en que el celibato total en su sentido de absoluta abstinencia no es acentuado. No se le ve con rechazo, pero no se insiste en él tampoco. Pero como el acto sexual consume una gran cantidad de energía pránica, naturalmente el auto control es importante. Y el sexo promiscuo nunca ha sido incitado, nunca se le ha visto con buenos ojos. Entonces, una suerte de gobierno en la forma de auto control y fidelidad en tu relación sexual con tu pareja legal reconocida, también puede ser considerado como brahmacharya.


Y este ha sido el caso de muchos devotos, amantes de Dios, y la India espiritual no escasea en ellos. A lo largo de India hemos visto el fenómeno de grandes comunidades de extáticos. Devotos de Dios, muchos o la mayoría de los cuales han sido personas casadas que viven una vida sexual normal, y sin embargo absortos en el amor de Dios. Esta es la parte “sí” de la respuesta. En esta etapa, la sexualidad no parece en absoluto prohibido o incompatible con la vida espiritual.


Pregunta: Supongo que los estudios Védicos, el acercamiento más intelectual a la vida espiritual, tampoco sería incompatible con la vida de casados.


Swami Chidananda: Sí, sí. Pero en la vida Védica, gradualmente, inconscientemente, sin siquiera tenerlo como propósito, en el curso del tiempo la persona llegaría a ese nivel de conciencia en que el sexo se transforma en algo superfluo, porque contradice la base misma del Vedanta: “Yo no soy este cuerpo. Yo no soy los cinco elementos. Yo no soy las limitantes circunstancias. Soy algo muy distinto y diferente.” Y por ese distinto y diferente algo, el sexo no tiene sentido. Porque eso no está en el plano de la conciencia y el funcionamiento físicos.


Pregunta: El celibato es a menudo visto en el Occidente moderno como una práctica obsoleta, pasada de moda. Con frecuencia es considerada como represiva, negadora de la vida – incluso antitética a lo que la práctica espiritual finalmente es. Muchas autoridades espirituales de Occidente están hoy enseñando que, para actualizar todo nuestro potencial como seres humanos, debemos abrazar, pero de ninguna manera evadir ni reprimir, nuestra sexualidad. Estas visiones contrastan totalmente con las que las grandes tradiciones siempre han enseñado. ¿Qué piensa usted al respecto?


Swami Chidananda: No estoy en absoluto de acuerdo con la actitud que has descrito. Ellos han fracasado en comprender el rol del brahmacharya en la vida espiritual. No está obsoleto; no es en absoluto pasado de moda, y no es represiva ni niega la vida. Por el contrario, es utilizado como una plataforma para la vida eterna. Su visión de la vida parece ser muy, muy limitada. Esta no es la única vida que hay. Cuando llegas a tener un pequeño atisbo de lo que la vida real es, quedas simplemente anonadado. Esta vida presente no tiene significado. Es una mezquina bagatela. Una nadería si no se la comprende en términos de una pista de despegue para catapultarnos hacia la vida verdadera. Esta vida es tan sólo un medio para llegar a ese gran y misterioso objetivo de la existencia humana, que es entrar en la vida de Dios, cuando se es uno con Dios, en el reino del Cielo. Ese es todo el propósito de la existencia humana. La vida humana nos ha sido otorgada como un pasadizo a la divinidad, un pasadizo a la vida eterna.


Entonces, el brahmacharya no es represión ni evasión de la sexualidad. Es tan sólo encauzar la sexualidad – hacer uso de este potencial sexual para algo diez veces, cien veces superior. Por lo tanto el asunto de la represión y la supresión es un error de concepto, y se debe a la falta de una correcta comprensión de lo que la búsqueda espiritual realmente es. Si se entendiera, entonces no se usarían tales conceptos. No somos sólo seres humanos; somos más que seres humanos. Nuestro estatus humano es sólo un pálido reflejo de lo que en verdad somos. La única razón por la que nuestra naturaleza humana adquiere significado es que, de ser utilizada correctamente, puede elevarnos hasta lo que en realidad somos, llevarnos al reino – sobre el que tenemos derecho ya por sólo haber nacido.



Sin embargo, en alguna medida, la idea occidental de que el brahmacharya es supresión no es tan delirante. Si no suprime o reprime alguna facultad natural, puede desencadenar cambios indeseables en la personalidad. Si un individuo es forzado al brahmacharya contra su inclinación y voluntad, obviamente pueden atraerse condiciones anormales, pues la persona está siendo compelida a hacer algo que en su corazón no quiere hacer – obligada por otros, por una restricción social o por haber hecho votos sin haber antes considerado exactamente lo que esa decisión implicaba.


Pero si una persona inteligente, habiendo ponderado profundamente la base de la vida, dice: “Si quiero alcanzar algo grande, algo poderoso, no puedo darme el lujo de dilapidar mis energías. Mientras más las conserve, mejor puedo encauzarlas hacia esa conquista y mayores las posibilidades salir victorioso.” Entonces, habiendo entendido la lógica del asunto, y apreciando el fin último al que nos llevaría si profesamos el celibato voluntariamente y con gran entusiasmo, ¿dónde tiene cabida el tema de la represión? Por el contrario, lo que parece ser una especie de negación es realmente dar cabida a una dimensión más sublime de tu ser. Así, lejos de negar la auto expresión, es otorgarte total posibilidad de expresión, puesto que ya no te identificas con el aspecto inferior de tu personalidad. Te has identificado con el aspecto superior. Es una forma de liberación y evolución hacia un nivel más excelso. No es una negación sino una verdadera expresión de tu propio ser. Cuando constituye tal proceso, entonces Freud y el resto quedan fuera de competencia. Ellos nunca han visualizado tal situación, tal posibilidad. Pero no es sólo una posibilidad, sino que es una tradición de siglos, de milenios – alguien preparado para hacer lo que sea, pagar cualquier precio por la obtención de lo más perfecto.


Pregunta: ¿Por qué cree usted que la sola idea del celibato a menudo hace que la gente en Occidente reaccione con rabia y resentimiento?


Swami Chidananda: Yo diría que Andrew Cohen está en una mejor posición y mayor competencia para responder a esa pregunta, pues para mí sólo es una pregunta académica y teorética, mientras para él es una situación experiencial.


Tal vez este concepto es inaceptable para ellos porque les negaría la búsqueda del placer, el contacto hedonista que tienen con la vida. Es algo de lo que el occidental promedio no quiere ni oír. Estropearía su manera de vivir. Si se les hace sentir que están haciendo una tontería, se sentirán culpables, incómodos, y por supuesto se irritarán mucho. Estoy seguro de que hay también quienes sienten que el celibato va contra el mandato bíblico de ir y multiplicarse. Entonces, si hablas del brahmacharya en su sentido extremo, parecerá que estás predicando contra los mandamientos de Dios.


Pregunta: El Tantra, o práctica de la “sexualidad sagrada”, se ha vuelto muy popular en Occidente. ¿Usted cree que esas enseñanzas ofrecen un auténtico camino espiritual?


Swami Chidananda: No, no creo que lo hagan. ¿Por qué? Por la fragilidad humana, por su debilidad. La mente humana está hecha de tal manera que siempre tiende a tomar el sendero con menos obstáculos. Siempre quiere el camino fácil.



El Tantra es un acercamiento a Dios a través de todos los tipos de goce sensual. Todo es ofrecido a Dios y por lo tanto se santifica; nada es profano. Uno disfruta la satisfacción de los sentidos y ve ese disfrute como parte de la dicha de Dios. Hay un enfoque según el cual mientras la dualidad persiste en las experiencias humanas – mientras haya un sentimiento de “yo estoy disfrutando este objeto” – es posible que en la unión de sexual entre un hombre verdadera e intensamente enamorado de una mujer y plenamente correspondido por ella, se pierda la conciencia de la propia individualidad; que haya una total fusión de las conciencias separatistas de cada uno y sólo haya conciencia de la experiencia. En tal caso no hay un experienciador. Dicen que esto es posible cuando se hace a la perfección. Los dos cesan de ser, y sólo hay una única experiencia no dual, una experiencia absoluta de la conciencia de brahman. Ellos señalan que el cuerpo humano es un instrumento que, si bien utilizado, puede otorgar un ascenso por sobre la conciencia corporal. Esto puede dar resultado para uno en un millón. La búsqueda del placer es parte de la concepción occidental de la existencia – no la negación del placer. Y un maestro entre diez puede ser un auténtico guía que genuinamente ofrezca algo que se adapte al temperamento occidental. Los nueve restantes son sólo gente astuta. Saben que hay mercado para eso, y son lo suficientemente listos para actuar al respecto. El enfoque es: Puedes tener tu pastel y también comértelo.


Hay que tener cuidado, pues este fue un auténtico sendero que una vez existió en India, especialmente en la parte oriental. Incluso aún existe. Pero se pervirtió groseramente. La gente se enredó en el camino. Decían que estaban practicando tantra, pero sólo estaban disfrutando del vino, la comida y el sexo. Los llevó a ninguna parte, pero supongo que los llevó a donde ellos querían ir. Y así, este sendero fue considerado por los iluminados de la época como la “senda pervertida”. Existieron dos sendas: la auténtica fue llamada la “senda diestra”. Y la senda pervertida, que sólo perseguía la voluptuosidad, fue llamada la “senda siniestra”.


Hay un episodio de la vida del gran Sri Ramakrishna, el guru de Swami Vivekananda. Él practicó todas las sendas yóguicas y también el Cristianismo, el Islam y otros, y descubrió que todas llevaban a la misma experiencia de Dios. Y durante un periodo de su vida espiritual también practicó tantra. Una mujer tántrica se le acercó y le dijo, “He sido enviada aquí por Dios para iniciarte en la vía tántrica de alcanzar la Divinidad”. Día a día le expuso el camino tántrico, pero cuando llegaron a la etapa final, Sri Ramakrishna, que había jurado brahmacharya, respondió que a través de su cuerpo no era posible. Ella le dijo, “Entonces haré que todo sea representado delante de ti”. Y se las arregló para traer una mujer tántrica y un varón tántrico para representar la consumación última de la práctica delante de él. Mientras él iba observando cada etapa, ella se lo iba describiendo. “Observa cuidadosamente. Ahora ve cómo están en éxtasis; están arrebatados. Están perdiendo su propia conciencia.” Y en este punto, de pronto Sri Ramakrishna perdió el conocimiento. Entró en profundo samadhi (un dichoso estado de conciencia no dual). De esa manera, él indirectamente comprobó que la experiencia sexual última puede elevar a un ser humano a ese estado por sobre toda dualidad.


Tal ciencia realmente existe, pero hay poquísimos gurus auténticos que la profesan, y debe ser seguida bajo estricta supervisión de un verdadero maestro. Corro el riesgo de ser tachado de poco caritativo, pero creo que la mayoría de los guías de la sexualidad sagrada moderna están interesados sólo en obtener lucro personal a partir de esa doctrina. Como te decía, la energía sexual es sagrada; el sexo es sacro. Es una de las cosas más sagradas. Pero al mismo tiempo hay errores de conceptos respecto a la sexualidad, y una vez que te entrampas en ella, puedes ir despidiéndote de su sacralidad. Eso se debe a la fragilidad y debilidad humanas. Por lo tanto, no voy a apoyar tales prácticas.


Pregunta: Considerando el número de traspiés y aberraciones cometidos por algunos de los que han hecho un voto perpetuo de celibato tanto en oriente como en Occidente, siente usted que la toma de tal decisión debiera estar restringida sólo a quienes hayan logrado un cierto grado de madurez espiritual primero?



Swami Chidananda: No aprobaría tal perspectiva de buenas a primeras, porque los que han obtenido un grado de madurez espiritual ya han logrado tal plataforma precisamente gracias al brahmacharya. El mismo hecho de haber progresado indica que el brahmacharya, al menos en su sentido amplio, tiene que haber sido parte principal de su preparación y de su camino. Y no dudo en aseverar que los traspiés y aberraciones que mencionas no pueden quitar valor al concepto y la tradición del brahmacharya en absoluto. Sólo se deben a imperfecciones de las personas.

Por otra parte, antes de tomar un voto perpetuo de celibato, uno tiene que asegurarse de que esa es su verdadera vocación; tiene que haber un llamado interior hacia la vida y hacia el celibato. No puede ser una decisión basada en el sentimiento y la euforia emocional, sino más bien un juicio racional y en pro de la vida. También insisto en que uno no debiera hacer votos monásticos hasta no tener la suficiente edad para comprender la propia biología y haber tenido alguna experiencia de lo que uno tiene dentro de sí, de aquello con lo que tendrá que enfrentarse. Uno tiene que encarar esto con toda honestidad. También sugeriría que una persona haga sus votos sólo luego de estar bajo observación y tutela por algún tiempo. Por ejemplo, la Orden Ramakrishna mantiene a las personas en un período de pre-prueba por un año entero; luego en un período de prueba de ocho años; sólo entonces está facultado para solicitar convertirse en un swami monástico como tal. Este tipo de acompañamiento, filtro y observación tal vez ahorrarían tantos de esos traspiés y aberraciones. Uno debiera permitir que una persona hiciera esos votos sólo después de haber recorrido la vida espiritual por algún tiempo. Sin embargo, aún cuando se cumplan todas las condiciones que te mencioné, de debe tener máximo cuidado hasta que se alcance una etapa en que el brahmacharya se convierta en el estado natural y normal de la persona.


Brahman, el Absoluto, es el bramachari más excelso, puesto que es Uno sin necesidad de un segundo, y si tú te estableces en brahman, estás en el mismo estado – donde no existe un segundo, donde no hay otro. En cierta etapa uno se vacía y se libera totalmente de la idea del sexo. No existe sexo ni hombre ni mujer ni esto ni aquello porque nuestra visión se ha transformado. Bastante apartados de todo lo que nos rodea – el mundo en el que se vive – uno está completamente transmutado. Nuestra conciencia ya no está en el nivel en que estas cosas tienen significado o relevancia. Cuando la conciencia está en otra parte, todas las cosas son vistas, percibidas, pero no hay diferencia alguna. Miras esto, miras aquello; lo ves todo, pero no trae ningún cambio a tu estado de conciencia, que permanece inalterable. Esa es la trascendencia última, y es una posibilidad real y un ideal, por la que se debe luchar y la que debe ser alcanzada. Eso es lo que el guru quiere para su discípulo. Eso es lo que los santos quieren para el hombre común. Pero antes de esto hay aún riesgo de caer. Por eso nuestros santos dicen que uno debe ejercer la prudencia hasta el último respiro.


Pregunta: ¿Cuál es la clave para el éxito en el brahmacharya?


Swami Chidananda: ¡Se trata de cómo tú lo veas!

Antes que todo, es como tú lo comprendas. Brahmacharya es el encauzamiento del potencial básico y esencial de la energía universal que hay en cada individuo, hacia un propósito y provecho superiores. Es el aspecto individualizado o microcósmico del poder cósmico ilimitado, infinito, primordial de aquel aspecto macrocósmico o dinámico de la realidad no dual. Como sabes, el aspecto estático es brahman, que es la realidad trascendental, no dual. Y el aspecto cinético o dinámico es lo mismo, pero en manifestación o expresión, en movimiento.


El aspecto individualizado de este poder primordial, presente en todos los seres, es este potencial para la inquebrantable continuidad de la existencia. Este potencial está prácticamente en todas partes. El que estés en una posición para describirlo y definirlo o explicarlo en términos de la física moderna o la química, no altera la esencia metafísica o filosófica de su verdadera naturaleza. Físicamente puedes explicarlo en términos de presión, etc., pero eso sólo es una explicación de algo que ya es un proceso en curso, un proceso de continuo ser y transformación, ser y transformación. Este poder creativo está presente en todo el reino botánico y en todo el reino animal. Es esto lo que se manifiesta como diferentes fuerzas en el ser humano – el poder de actuar, el poder de pensar, la habilidad de ver, oír, oler, gustar, digerir, respirar – todo. Y esto es lo que está igualmente presente en ambos sexos como energía sexual. Por lo tanto, siendo esta la llave para la vida, uno puede imaginar su importancia y su valor.


Si uno es capaz de entenderlo así – realizar su real naturaleza y cósmica en tanto aspecto microcósmico de shakti o poder cósmico – uno toma una actitud de reverencia frente al brahmacharya. No es algo para ser botado como quien lanza un escupo. Una persona bien puede gastar sus pesos y centavos, pero si tiene monedas de oro, no se separará tan fácilmente de ellas. Entonces, la reverencia es fruto de esta comprensión. Aún más, el aspirante reconoce y ve claramente que “Hay algo muy importante que debo hacer. Hay una gran meta que debo alcanzar, y necesito toda la energía de la que dispongo para inyectarla en mi búsqueda espiritual. No puedo darme el lujo de desviarla hacia otros objetivos inferiores.”. Como Swami Krishnananda solía decir, “Es mejor apuntar a un león y fallarle que apuntar a un chacal y dar en el blanco.”


Así, la primera clave para el éxito en el brahmacharya es reconocer y comprender la naturaleza sagrada y preciosa del potencial energético que uno tiene. Cuando uno se da cuenta de que debe conservarlo, preservarlo y dirigirlo hacia el más elevado de todos los propósitos, entonces uno adquiere el deseo de ser un brahmachari, puesto que lo ve como un proceso sumamente positivo.


La segunda clave para el éxito, y una manera de ver tanto el brahmacharya como la función sexual, es aún más fundamental y constituye uno de los dos factores que personalmente he utilizado. Se trata de percibir claramente que aquello que llaman órgano sexual masculino no es un órgano sexual. Es sólo un conducto urinario. Eso es lo que es, y esa es su principal función desde que el niño sale del vientre materno hasta que muere.


De hecho, si te fijas, el sexo no está en esa parte de nuestra anatomía en absoluto. El sexo no está en el órgano urinario; el sexo está en la mente de las personas. Entonces, es una cuestión de actitud mental. Si estás convencido y entrenas tu mente para pensar en ello de una manera sana y racional – que es sólo un canal eliminatorio; que su principal propósito no es aquel que domina al mundo y lo vuelve loco -, entonces ya estás libre de él. Ya no te obsesiona más, porque no piensas en él de la forma en que a la mayoría de la infortunada sociedad humana se le ha hecho concebirlo.


Cuando piensas en ello, la principal función del acto sexual es el indispensable y mucho más importante proceso de la procreación. En un sentido metafísico, el esposo y la esposa están cooperando con el Creador para perpetuar la especie de manera que la creación subsista. Esa es su verdadera función, no la experiencia de placer que la acompaña; eso es algo secundario. ¿Entonces por qué esta función se hizo tan placentera? Tenía que ser así. La función procreadora, la perpetuación de la especie, debía realizarse a través del acto sexual, y si no se le combinaba con una súper experiencia de placer y goce, nadie se entregaría a ella y su propósito sería anulado.


Más Información: www.dlshq.org






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