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La traba de la mente

  • Foto del escritor: Eric Manquez
    Eric Manquez
  • 15 sept 2025
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 16 nov 2025

Eric Manquez


El Vedānta Advaita sostiene una distinción esencial que, si es verdaderamente comprendida, puede disolver la ilusión más persistente de la mente: drasṭā dṛśyābhyām vilakṣaṇaḥ sākṣī, el Testigo es distinto del vidente y de lo visto. Esta afirmación encierra una precisión ontológica radical. En términos vivenciales, el vidente es el sujeto, el yo que se experimenta como agente; y lo visto son sus circunstancias, sus pensamientos, sus emociones, sus memorias. Este binomio, yo y mis contenido, constituye el campo entero de la experiencia dual que la mente conceptualiza, interpreta y reacciona.

 

Cuando las circunstancias desbordan la capacidad asimilativa del sujeto, el sufrimiento emerge. En ese momento, como recurso de preservación, el yo se desdobla: toma distancia de aquello que le causa dolor. Surge entonces la figura del testigo psicológico, que observa la emoción o el pensamiento desde cierta lejanía afectiva. Esta distancia puede ser terapéuticamente útil, y muchas escuelas de meditación o psicoterapia contemporánea, como el mindfulness, la promueven como un método válido para ganar claridad. Sin embargo, desde la perspectiva del Vedānta, este testigo sigue perteneciendo al campo del drasṭā-dṛśya, el vidente y lo visto. No ha salido aún de la estructura de la mente; sólo ha creado un doble más sutil del yo.

 

El sākṣin, en cambio, no es este yo-reflexivo que se observa a sí mismo. Es la consciencia misma, que contempla tanto al vidente como a lo visto. No toma posición, no se distancia, no reacciona ni interpreta. Es, simplemente, Presencia. Una Presencia que no se sitúe frente a los fenómenos, sino una luz que los revela sin pertenecer a su campo.

 

Esta diferencia es lo que Guru Dev Swami Sivananda llama la traba de la mente. Mientras el sujeto se mueva dentro de la estructura de pensador y pensamiento, de observador y observado, la traba persiste, porque es consecuencia de la construcción identitaria que impulsa al deseo y produce el apego objetal. Incluso si se disfraza de desapego, de espiritualidad o de silencio interior. La verdadera liberación, dice Guru Sivananda, ocurre cuando esta traba se rompe. Saca la traba y te liberas de la mente… esta es la liberación total. No se trata de convertirse en testigo, sino de cesar en el juego de espejos del yo que se piensa y se mira, en sus pensamientos. Cuando ese juego cae, lo que queda no es otro yo más sutil, sino el Ser: la Presencia silente, Eso que siempre ha sido, sin necesidad de intervención.

 

Tat Twam Asi: Eso eres tú.

 
 
 

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