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El cuerpo lleva la cuenta

  • Foto del escritor: Eric Manquez
    Eric Manquez
  • 30 sept 2025
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 16 nov 2025

El Trauma: Perspectiva Psicológica, Psiquiátrica y Neurológica

Por Eric Manquez


El concepto de trauma ha evolucionado desde su sentido original en la medicina griega, donde designaba una herida física, hasta abarcar hoy también las heridas psíquicas que marcan la vida emocional y corporal del individuo. En psicología, psiquiatría y neurociencia, el trauma se entiende como la consecuencia de experiencias que superan la capacidad de integración del sujeto, dejando huellas persistentes en la mente, el cerebro y el cuerpo.

 

El término trauma proviene del griego, significa herida. En su acepción psicológica moderna, designa una experiencia abrumadora que excede los recursos adaptativos del individuo. No es solo lo que ocurrió, sino cómo el sistema nervioso lo registró y cómo la persona lo vive en el tiempo.

 

En psicología clínica, el trauma se manifiesta como reexperimentación del evento (flashbacks, pesadillas), evitación de estímulos relacionados, embotamiento afectivo y alteraciones en la autoimagen. Subjetivamente, implica una sensación de vulnerabilidad constante y pérdida de confianza en el mundo.En psiquiatría, el trauma se traduce en distintos cuadros diagnósticos: Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT), caracterizado por recuerdos intrusivos, hipervigilancia y evitación. Trastorno por Estrés Agudo, en las semanas inmediatas al evento. Trauma Complejo (C-PTSD), asociado a la exposición prolongada a violencia o abuso, con efectos profundos en la identidad y las relaciones interpersonales.

 

Los estudios neurocientíficos muestran que el trauma altera de manera duradera los circuitos cerebrales: La amígdala queda hiperreactiva, generando respuestas de miedo desproporcionadas. El hipocampo pierde eficacia para contextualizar la memoria, por lo que los recuerdos traumáticos se experimentan como presentes. La corteza prefrontal reduce su capacidad de regulación sobre las emociones, dejando al sujeto más vulnerable a reacciones automáticas. Fisiológicamente, se observa una disfunción del eje hipotalámico-hipofisario-adrenal, con alteraciones en los niveles de cortisol, y un predominio del sistema nervioso simpático, lo que se traduce en hipervigilancia, insomnio y síntomas psicosomáticos. La memoria traumática, en lugar de integrarse como un relato coherente, queda fragmentada en sensaciones, imágenes y reacciones corporales.

 

El trauma es, en su raíz, una herida en la psique y en el cuerpo. Desde la psicología, se vive como reexperimentación, evitación y alteración emocional; desde la psiquiatría, se diagnostica en el TEPT y el trauma complejo; desde la neurociencia, se explica como una alteración de la amígdala, el hipocampo y la corteza prefrontal, junto con la desregulación del eje del estrés. En definitiva, el trauma no es solo un evento pasado: es una huella que se reactualiza en el presente del sujeto, determinando su manera de percibir y habitar el mundo.

 

El título del libro de Van der Kolk, B. (2015), El cuerpo lleva la cuenta es literal.

 


 
 
 

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