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Cuerpo y Trauma

  • Foto del escritor: Eric Manquez
    Eric Manquez
  • hace 2 días
  • 2 min de lectura

Por Eric Manquez

El concepto de trauma ha evolucionado desde su sentido original en la medicina griega, donde designaba una herida física, hasta abarcar también las heridas psíquicas que marcan la vida emocional y corporal del individuo. En psicología, psiquiatría y neurociencia, el trauma se entiende como la consecuencia de experiencias que superan la capacidad de integración del sujeto, dejando huellas persistentes en la mente, el cerebro y el cuerpo.

 

El término “trauma” proviene del griego y significa “herida”. En su acepción psicológica moderna, designa una experiencia abrumadora que excede los recursos adaptativos del individuo. Además de lo ocurrido y del sentido que el sujeto le otorgó, importa la forma en que la experiencia quedó inscrita en su sistema nervioso y la manera en que esa inscripción se actualiza en su vida psíquica.

 

En psicología clínica, el trauma se manifiesta como reexperimentación del evento; flashbacks, pesadillas; evitación de estímulos relacionados, embotamiento afectivo y alteraciones en la autoimagen. Subjetivamente, implica una sensación de vulnerabilidad constante y una pérdida de confianza en el mundo. En psiquiatría, se expresa en distintos cuadros diagnósticos: el Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT), caracterizado por recuerdos intrusivos, hipervigilancia y evitación; el Trastorno por Estrés Agudo, en las semanas inmediatas al evento; y el Trauma Complejo (C‑PTSD), asociado a la exposición prolongada a violencia o abuso, con efectos profundos en la identidad y en los vínculos.

 

Los estudios neurocientíficos muestran que el trauma altera de manera duradera los circuitos cerebrales. La amígdala queda hiperreactiva, generando respuestas de miedo desproporcionadas. El hipocampo pierde eficacia para contextualizar la memoria, por lo que los recuerdos traumáticos se experimentan como presentes. La corteza prefrontal reduce su capacidad de regulación emocional, dejando al sujeto más vulnerable a reacciones automáticas. En el plano fisiológico, se observa una disfunción del eje hipotalámico-hipofisario-adrenal, con alteraciones en los niveles de cortisol, y un predominio del sistema nervioso simpático, que se traduce en hipervigilancia, insomnio y síntomas psicosomáticos. La memoria traumática, en lugar de integrarse como un relato coherente, queda fragmentada en sensaciones, imágenes y reacciones corporales.

 

El trauma es, en su raíz, una herida en la psique y en el cuerpo. Desde la psicología, se vive como reexperimentación, evitación y alteración emocional; desde la psiquiatría, se reconoce en el TEPT y en el trauma complejo; desde la neurociencia, se explica como una alteración de los sistemas de memoria, regulación emocional y respuesta al estrés. En definitiva, el trauma no es solo un evento pasado: es una huella que se reactualiza en el presente del sujeto y que condiciona su manera de percibir y habitar el mundo.


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