top of page
Buscar

¿Qué es la meditación, qué significa realmente meditar y para qué se medita?

Foto del escritor: Eric Manquez
Eric Manquez
7 sept
5 min de lectura

Actualizado: 9 sept

Por Eric Manquez

Estas tres preguntas aparecen con frecuencia en el mundo contemporáneo. Sin embargo, las respuestas que circulan suelen estar envueltas en cierta confusión conceptual. Antes de intentar responderlas, conviene aclarar algunas asociaciones habituales cuando se habla de meditación.

 

Con frecuencia se entiende la meditación como una forma de reflexión mental, es decir, como el acto de pensar detenidamente sobre un tema con el fin de comprenderlo mejor. Otras veces se la asocia con la imaginería, esto es, con la creación deliberada de imágenes mentales orientadas a producir determinados estados interiores. Finalmente, en muchos contextos se le atribuye un valor principalmente utilitario: se medita para relajarse, regular emociones, mejorar la salud o ampliar la consciencia.

 

Todas estas actividades pueden ser útiles y necesarias en la vida humana. Sin embargo, en el sentido en que aquí utilizo el término, la meditación no es equivalente a reflexionar, imaginar ni buscar beneficios psicológicos o fisiológicos.

 

Incluso la concentración, entendida como la capacidad de mantener la atención durante cierto tiempo en un objeto determinado, no constituye todavía la meditación. La concentración es, más bien, una condición previa para que la meditación pueda surgir.

 

La consciencia, entendida como la capacidad de conocer y atestiguar nuestra propia existencia, posee, por decirlo así, la atención como su órgano operativo.

 

Allí donde la atención se posa, aparece el acto de consciencia. Esto ocurre tanto con los objetos percibidos a través de los sentidos como con aquellos que aparecen en el ámbito mental: recuerdos, pensamientos, imágenes o reflexiones.

 

En la vida cotidiana, la atención rara vez permanece fija en un solo objeto. Más bien se desplaza continuamente de uno a otro, siguiendo el flujo de la percepción. Nuestra experiencia habitual del mundo es, en realidad, una configuración dinámica de totalidad significativa que se renueva momento a momento.

 

En este sentido, la actividad de la atención se asemeja al movimiento de un colibrí en su incesante aleteo.

 

Mientras caminamos por la calle o cruzamos una avenida, aun cuando estemos pensando en algo que nos preocupa, parte de nuestra atención permanece vigilante del entorno. Esta capacidad resulta fundamental para la supervivencia y constituye la base de nuestra interacción con el mundo.

 

El entrenamiento de la atención comienza con la concentración. Para ello, la atención se dirige deliberadamente hacia un objeto, por ejemplo, la respiración, un sonido o una sensación corporal, o hacia una secuencia ordenada de objetos.

 

Esta etapa es esencial.

 

Sin un cierto grado de estabilidad atencional, la meditación no puede desarrollarse.

 

Cuando la concentración se vuelve relativamente estable, comienza a surgir una cualidad particular de la qtención: la apacibilidad.

 

Esta tranquilidad no es algo artificialmente producido. Pertenece, en cierto modo, a la naturaleza misma de la atención, y se evidencia cuando la mente deja de dispersarse continuamente entre múltiples estímulos. Gradualmente, esta apacibilidad se convierte en el nuevo soporte de la atención.

 

En ese momento, el sujeto no necesita esforzarse para concentrar la atención en un objeto específico. La atención queda, por así decirlo, recogida en su propia fuente, reposando en la claridad misma de la consciencia.

 

Es aquí donde comienza propiamente la meditación.

 

La consciencia es siempre consciencia de algo.

 

Cuando la atención permanece durante un tiempo sostenido en un objeto determinado, hablamos de concentración.

 

La meditación comienza cuando la consciencia deja de depender de ese objeto y permanece en su propia presencia. La atención ya no está sostenida por un contenido particular, sino por la misma claridad de la consciencia que se reconoce en sí misma. En esta condición aparece una experiencia de apacibilidad natural: una quietud que no es el resultado de la represión del pensamiento, sino del cese espontáneo de su dispersión.

 

Para comprender el sentido más profundo de la meditación conviene detenerse brevemente en la noción de existencia.

 

La palabra “existir” proviene del latín exsistere, que significa emerger, aparecer o manifestarse. Está formada por el prefijo ex, que indica “hacia afuera”, y por sistere, que alude a tomar posición o mantenerse en un lugar.

 

Cada uno de nosotros puede constatar que, tanto en la vigilia como en el sueño, aparecemos situados en un mundo. Desde esa aparición adoptamos una posición de sujeto frente a los objetos que nos rodean.

 

“Yo estoy aquí; lo otro está allá”.

 

Algo similar ocurre cuando observamos nuestra propia vida interior. Pensamientos, emociones, recuerdos o sensaciones aparecen también ante nosotros como contenidos de experiencia.

 

Esta distancia entre el sujeto y los objetos permite que la existencia humana se despliegue. Gracias a ella podemos vivir, actuar, gozar y también sufrir dentro del mundo que habitamos.

 

Al adoptar la posición de sujeto nos apropiamos de los objetos que conforman nuestra identidad personal. Decimos: mi cuerpo, mis pensamientos, mis recuerdos, mis valores, mi profesión, mi casa, mi país. De este modo, la experiencia se organiza alrededor de la relación entre yo y lo mío. La identidad personal puede sostenerse en distintos tipos de objetos.

 

A veces se apoya en bienes materiales, una base evidentemente frágil. Otras veces se fundamenta en valores o convicciones, lo que suele proporcionar una estabilidad mayor y resulta socialmente más deseable.

 

Sin embargo, incluso en este segundo caso el yo continúa dependiendo de aquello que considera suyo. Cuando los objetos desaparecen o cambian, la identidad también puede verse amenazada.

 

Cuando surge la pregunta “¿quién soy yo?”, aparece una posibilidad distinta.

 

Si observamos atentamente, descubrimos que no somos aquello que se encuentra fuera de nuestra piel. Tampoco somos simplemente el cuerpo ni las sensaciones que en él aparecen. Del mismo modo, tampoco somos la mente ni sus contenidos cambiantes.

 

El que nombra no es lo nombrado.

 

Cada vez que despertamos por la mañana, esta presencia que llamamos “yo” aparece nuevamente, incluso antes de que recordemos nuestro nombre, nuestra historia o nuestras preocupaciones.

 

Gracias a esta presencia podemos reconocernos como sujetos situados en el mundo.

 

 

Sin embargo, existe un nivel aún más profundo.

 

Detrás del yo personal que toma posición frente al mundo hay una presencia que permanece sin adoptar ninguna posición particular. Esta presencia no puede definirse adecuadamente como un objeto ni como un concepto. Es aquello que hace posible toda experiencia.

 

A lo largo de la historia se le han dado distintos nombres: consciencia, fundamento, vida, espíritu o incluso Dios.

 

Pero cualquiera de estos nombres resulta insuficiente, pues aquello a lo que apuntan no puede ser capturado completamente por el pensamiento. Se trata de aquello que precede a toda posición del sujeto frente al mundo. Aquello que está antes de que el “yo” se apropie de su nicho existencial.

 

Desde esta perspectiva podemos responder finalmente a la pregunta fundamental:

 

¿para qué meditar?

 

Se medita para regresar al fundamento de la propia existencia.

 

La meditación no consiste en producir experiencias extraordinarias ni en acumular estados mentales particulares. Su propósito es permitir que la consciencia se evidencie como aquello que siempre ha estado presente como su propio fundamento.

 

A la luz de lo anterior podemos formular una definición sencilla.

 

La meditación es el proceso mediante el cual la atención deja de quedar atrapada exclusivamente en los contenidos de la experiencia y se abre al reconocimiento de aquello que hace posible toda experiencia.

 

En este sentido, meditar es descubrir aquello que realmente somos.


@ericmanquez

WSP: +5699 879 2848

 
 
 

Comentarios


  • Captura de pantalla 2024-11-07 a la(s) 11.29.19 a.m.
  • Facebook
  • Instagram
  • Youtube
bottom of page