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  • Eric Manquez

EL APEGO

La Tradición representa con el Cisne (Hamsa) la actitud selectiva en esta búsqueda de la interioridad. Cuando se derrama leche sobre el agua, el Cisne toma solo la leche y no se ocupa del agua.

Para comprender esto, en castellano hay dos términos; discernir y discriminar.

Toma este ejemplo para acercarnos a esta comprensión.

Imagina que vas a cocinar lentejas. Debes primero limpiarlas. Las esparces sobre la mesa y apartas un pequeño grupo y las separas un poco más. Discernir es darte cuenta que es lenteja y que es piedra, vistas como en este ejemplo, las lentejas resultan evidentes. Discriminar es tomar solo las lentejas. Si quieres cocinar lentejas, ocúpate solo de las lentejas, no de las piedras.

Para observar el fenómeno humano de estar vivo y comprender que es esto de estar vivo, discierne y discrimina. En la práctica de la interioridad, es imprescindible ser atento, discernir y discriminar.

Tu pregunta es; como elimino el apego en mi vida?

El apego es una condición secundaria. Lo primero es el sentido de propiedad. Suponemos que las situaciones, personas y cosas nos pertenecen y con esta ilusión pretendemos que aquellas (situaciones, personas y cosas) se comporten como yo quiero. Entonces aparece el Apego, este sentido de depender de aquello (personas, situaciones o cosas)

Primero creo ser el propietario y luego termino siendo esclavo. Y sufro por esta ilusión, de Yo y Mío. Sale por un momento de esta forma de ver el mundo y permanece quieto, permanece atento sin intervenir, solo atento.

El antídoto es sentarse quieto, en total reposo por un momento 5, 10 o 15 minutos por la mañana o por la tarde. Solo dedicado a observar el movimiento del centro del pecho, sintiendo como se mueve al respirar. Esta atenta observación nos devuelve a la realidad; aquello que aquí respira en algún momento se ira, no porque yo lo quiera sino porque Aquello se va y lo que considero Mi vida habrá terminado. Nos podemos dar cuenta en la experiencia que nada de la vida nos pertenece, todo viene y se va como la respiración. Hay que ser feliz por esto. Pues nos da la posibilidad, mientras estamos vivos, de acercarnos y alejarnos de las personas, situaciones y cosas, Aprender que podemos ser independientes sin sentirnos solitos y abandonados, y podemos tener intimidad sin sofocar a nadie ni sentirse sofocado. Esta observación de la respiración nos devuelve el contacto con La Vida y la libertad que tenemos de los objetos de la percepción. Como la respiración espontáneamente viene y se va, poco a poco se comprende que uno es el observador, no el propietario del acontecimiento, y el apego deja de ser un tema.

Del Libro: Conversaciones con Eric Manquez, Yogacharya de la Escuela Advaita de Chile.


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