Los sabios de todas las escrituras declaran que la meta de la vida es despertarse.
El despertar no se revela por un ejercicio o una práctica.
Realmente, uno no tiene nada que hacer para ser lo que uno es.
Lo que somos en el momento presente se revela gradualmente como un fruto que madura a condición de hacer espacio en nuestra vida a la interioridad.
Se busca generalmente la plenitud y la felicidad en un mundo exterior como experimentado por nuestros cinco sentidos y nuestros pensamientos, aunque nuestra experiencia nos muestra que no es suficiente.

