Purna Yoga

Jornada Yoga 2012

Revista 2010

Fotografia

Ricardo Aliaga Bascopé

http://ricardoaliagafotografia.blogspot.com/

 

 

Una hermosa pieza de arte oriental.

Tallado en fina madera esta imagen de Buda atrae al lente de mi cámara y la inmortalizo.

Su afortunado dueño me comenta que es m

uy difícil encontrar representaciones de Buda con sus ojos abiertos. Y agrega que hay dos de ellas que son famosas. Y que en una quien modeló fue una mujer, esposa de un varón acaudalado que decidió dejar expresado en una sola pieza el amor a su mujer y el amor a Buda.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Frágil belleza

Con estos días cada vez más cálidos, llegó de visita un par de dientes de león.

Muchos les arrancan y no disfrutan su frágil belleza.

Recuerdo al personaje de la serie Kung Fu: “Les llaman malezas porque no saben para que sirven”.

El diente de león: Es una planta depurativa, indicada para purificar el organismo de elementos tóxicos. Puede actuar en el hígado, riñón y la vesícula biliar, y con su efecto diurético evita la aparición de piedras en el riñón.

También es un tónico digestivo contra el estreñimiento y la resaca de alcohol.

Para uso tópico es eficaz para limpiar la impurezas de la piel, acné, urticaria. Estas propiedades son por su conten

ido de inulina, ácidos fenólicos, sales minerales, entre otras sustancias que aportan beneficios en la piel.

En algunos periodos de escasez, la raíz seca se ha utilizado como sustituta de la achicoria, que a su vez era sustituto del café. Sus hojas comestibles se han utilizado para ensaladas.

 

 

 

 

 

 

10 años después: Una fotografía sigue haciendo historia.

La fotografía que ves pertenece a otra época, a un mundo en el que el terrorismo era el problema de unos pocos, en el que la sangre solo se derramaba muy de vez en cuando, y en el que conceptos como “crisis global” o “desplome de mercados” aparecían solo en los libros de historia.

Un cielo azul brillante y un suelo de nubes por el que asoma un símbolo del poder económico que

Diez años despues.

no se volverá a ver hasta dentro de mucho. Es una simpleza casi infantil. Casi parece de un cuento de hadas.

La tomó, de hecho, una joven en abril de 2001, una estudiante de fotografía llamada Katie Weisberger, que acaba de empezar a estudiar el oficio en la Universidad de Nueva York. Iba a bordo de un avión, como tantos estadounidenses antes y tan pocos después, que la llevaba de su Virginia natal a Nueva York.

“Era muy pronto y solo recuerdo que todo era muy bonito”, recuerda. “No tenía ni idea de que había sacado la foto. Estaba en el negativo”. Reveló la imagen en una tienda de revelado y la guardó. Una más para su archivo. No la volvió a sacar hasta cinco meses después.

“Me estaba preparando para ir a clase; creo que era el segundo día”, comenta Katie, mientras narra su jornada en la residencia de estudiantes del Village, un barrio neoyorkino muy cercano al World Trade Center.

Cuando salió a la calle, vio con sus propios ojos cómo un enorme agujero humeaba en una de las torres. Al rato, otro avión impactó contra la otra. “La gente se paró; en ese momento me di cuenta de que era un ataque terrorista”. Katie no sabía qué hacer, nadie lo sabía realmente. Fue a clase y el profesor dio la lección habitual. Todo era extraño; quizás nadie sabía entonces que el cuento de hadas se había terminado, pero casi todo el planeta lo sintió.

Katie recordó la foto que tenía bajo la cama. A los pocos días, la ciudad organizó una exposición de fotos inmortalizadas antes de la tragedia en un desgarrador amago de vincular el presente con el pasado, tan cercano y tan remoto.

Era solo una foto más (la número 1621) de una colección de 5.690, pero fue la más vendida. Apareció más tarde en la CNN, en un documental realizado por la televisión pública estadounidense.

Un rotativo de Connecticut envolvió el periódico de un día en una versión ampliada de la instantánea. Fue la portada de un libro, “Falling Man”, de Dom DeLillo.

Por Thomas Castroviejo Gaceta trotamundos

Publicadas por Ricardo Aliaga Bascopé

 




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