4 Junio 2010
Eric Manquez
Yogacharya
Todo en silencio, No hables, Solo siente.
1.- Encuentren un lugar tranquilo y cómodo. Cerciórense de no ser interrumpidos.
2.- Siéntense cerca, espalda con espalda, de modo que no se vean entre sí.
3.- Con los ojos abiertos o cerrados recuerden (cada uno y en silencio) donde se conocieron: lugar, hora del día, había más gente o estaban solos, etc. Todo lo que puedan recordar: qué sentiste, qué imaginaste, qué pensaste, qué te pasó.
4.- Recuerda, el momento en que supiste que tus sentimientos eran correspondidos. Cuando lo sientas, vuélvete hacia tu pareja y espera hasta que ella / él haga lo mismo.
Es importante que no hablen, sólo sientan.
5.- Al estar ahora frente a frente. Sólo mira el pecho de tu pareja y coordina tu respiración con su respiración. Hasta que ambos respiren el mismo ritmo., recordando el sentimiento recreado en el paso 4.
5.- Acérquense, abrásense y mientras permanecen en contacto, sigan respirando al mismo ritmo.
Déjate sentir, Toma el tiempo que quieras.
6.- Vuelve a sentarte espalda con espalda. Con los ojos abiertos o cerrados, solo siente que pasa en tu corazón y date cuenta que tu pareja está a tu lado, detrás de ti y esto es una gran bendición. Cuando quieras, vuélvete y ponte nuevamente frente a tu pareja.
7.- Pueden permanecer en silencio o comentar lo sucedido; tal vez, como mejorar la experiencia o de que otras formas pueden hacer suyo el ejercicio.
Lo más importante:
Háganlo en secreto, gozando de vuestra intimidad.
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30 Agosto 2009
Por
Eric Manquez
Yogacharya
La mayor parte de la s personas, por no decir todas, tienen la necesidad de sentirse cómodas internamente. Esta sensación de calma, de unidad interior nos permite actualizar la creatividad que tenemos y expresar nuestra intimidad, sentimientos, anhelos, pensamientos e intuiciones.
Sin embargo, algunas personas no se sienten viviendo desde este espacio. Por el contrario, las expresiones más frecuentes son; que están estresados, molestos, agotados, y lo que desean es tener un poco de calma, para poder disfrutar con sus seres queridos, antes que se les pase la vida. Esta unidad interior pasa a ser el paraíso perdido.
Si las cosas están así, la pregunta es: ¿Cómo regresar a este estado que se supone normal?
El Yoga nos plantea lo siguiente; a través de la profunda serenidad de la mente, podemos regresar a esta unidad interior, encontrando sentido a nuestra vida.
Primero una observación: ¿Te has dado cuenta que tu mente, habitualmente, asocia una cosa a la otra y así sucesivamente, hasta no saber donde empezaste? Y en este incesante flujo de asociaciones pareciera que tú no tienes el control de tus propios pensamientos. Y si no tienes control sobre ellos, suele surgir cualquier pensamiento, que inquieta a tu cuerpo, agita tu emoción y esto vuelve a influir sobre los pensamientos… y esto es de nunca acabar.
La siguiente pregunta es: ¿Somos sólo este incesante vagabundeo de la mente o somos algo más que eso? Naturalmente desde el momento que nos podemos dar cuenta que esto nos sucede, es que somos algo más que este vagabundeo mental.
El Yoga nos propone adiestrar la mente. Adiestrar la mente, es producir calma en ella, para permanecer observando el acontecer, desde esta Ser que somos, más allá de los pensamientos.
¿Y como producir calma en la mente? Para tener calma en la mete, el adiestramiento comienza por serenar el cuerpo, luego la respiración y con esto es mucho más fácil serenar la mente. Esto es el comienzo de lo que llamamos Meditación. Comienza con la calma de la mente, como quien se abstiene de cualquier movimiento para que las aguas del lago se aquieten y cuando lo estás, naturalmente, podemos mirar el fondo del lago.
La serenidad de la mente es el comienzo de nuestro viaje a la profundidad natural que la conciencia humana posee. Profundamente serena y compasiva.
Un modo sencillo de realizar esta práctica es:
1.- Siéntate en una posición cómoda. En un sillón, sobre un cojín, o de piernas cruzadas. Lo que sea cómo para ti.
2.- Que tu columna este recta. Puedes afirmar tu espalda sobre el respaldo si estas en un sillón, o en la pared si estas en el suelo.
3.- NO lo hagas acostada, suele dar sueño, luego duermes y eso es precisamente lo que hay que evitar.
4.- Estás sentada con la columna recta, cierra tus ojos.
5.- Del mismo modo que te dispones a descansar o a dormir, recrea esta actitud.
6.- Comienza por observar que tu cuerpo este quieto. Siente el peso de tu cuerpo, así tal cual esta. No tienes que estar, más o menos pesado de lo que esta. Observa, así como lo sientes, está bien.
7.- Sintiendo el peso de tu cuerpo, observa que este lo más relajado que puedas.
8.- Luego que sientas que estas cómoda y relajada, naturalmente tu respiración será más lenta, más tranquila. Observa como sucede espontáneamente. Por un momento.
9.- Mantén tu mirada, tu atención, en el centro de tu pecho y solo observa cómo se mueve tu pecho al ritmo de tu respiración. Permanece observando-sintiendo el movimiento del centro de tu pecho. Y mantienes esta disposición a descansar profundamente. Mientras miras-sientes tu pecho como se mueve suavemente al ritmo de tu respiración. Solo contempla.
Luego de un momento puedes abrir tus ojos y estirarte, desperezarte, y continúa con tus quehaceres diarios. Puedes practicar esto diariamente unos 10 a 15 minutos.
PURNA YOGA Escuela Advaita Padre Hurtado 919 Las Condes Santiago Chile (56-2) 884 79 41
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29 Julio 2009
Por
Eric Manquez
Yogacharya
Cuando estamos libres de presiones, de cualquier tipo, nos sentimos bien. Nos sentimos agradecidos de la vida, tendemos a actualizar los valores y pensar en Dios. Cuando sucede lo contrario, presiones por todos lados y con múltiples exigencias, la irritación y el malestar es de lo único que nos damos cuenta, todo se torna gris y el encanto de la vida no lo vemos por ninguna parte.
La vida moderna está llena de presiones y exigencias generadoras de tanto estrés ¿quién podría vivir libre de ello?
El estrés es una respuesta orgánica a las exigencias cotidianas. Cuando respondemos excesivamente podemos decir que estamos estresados.Esto se nos manifiesta como: Tensión en el cuerpo: Espalda, hombro, cuello y mandíbulas apretadas, ceño fruncido, colon irritable, taquicardia, hipertensión, etc. Tensión mental: Insomnio, falta de atención, desmemoriado y un parloteo mental que no para (el rollo da vueltas sin cesar).Agitación respiratoria: Respiración corta y frecuente (provocadora de más estrés), emociones alteradas a punto de explotar, etc.
Si esto es lo que nos pasa ¿qué podemos hacer?
El Yoga como método (aún no siendo la panacea) nos brinda una opción que transforma este círculo vicioso en virtuoso. De modo de ser calmadamente activo y activamente calmado, en esta sociedad que vivimos, con sus múltiples exigencias.
Para vivir necesitamos:
Que nuestro cuerpo vuelva a ser flexible y armonioso en sus movimientos, para una vida más eficiente y prolongada. A modo de ejemplo, la musculatura, de tu cuerpo debe ser lo suficientemente elástica para que las articulaciones (tobillo, rodilla, coxofemoral) estén libres para poder realizar su trabajo sin tanto desgaste. Lo mismo que, frecuentemente, los dolores de espalda son debido a que la musculatura se apretó tanto que presiona las vértebras y los nervios que salen de la columna. Los ejercicios corporales yóguicos ayudan a devolver la armonía y elasticidad de la musculatura, aumentan la irrigación, mejoran el tono muscular y relajan en grado sumo.
Que nuestra mente esté serena. Para lograr esto es necesario focalizar la atención, evitando el incesante divagar de la mente. Por ejemplo, cuando piensas que en tu oficina tienes trabajo, recuerdas uno que tienes atrasado, ves al jefe entregándote otro trabajo más por hacer y como lo necesitaba ayer te lo pide para hoy, tendrás que salir más tarde; te acuerdas de la reunión del colegio de los niños, hay que pasar al supermercado, no llamaste a tal persona, etc., etc. Tu mente sigue asociando cosas, tu respiración se agita, tu guata se aprieta, te dan taquicardias y ya dejaste de pasarlo bien. Si pones atención verás que esto lo haces varias veces todos los días.
Focalizar la atención hace que por un momento evites el divagar, responder al mundo en tu cabeza con las respuestas emotivas y corporales asociadas.
Además, todos los días recibimos impresiones visuales (todo lo que vemos), auditivas (ruidos de la ciudad), etc., que se acumulan como basura psíquica. Al realizar esta concentración yóguica nos substraemos del mundo por un momento, limpiándonos de esta tensión mental. Cuando tu mente esta tranquila piensas mejor, vives mejor.
Que nuestra respiración este pausada y tranquila (a no ser que corras tres cuadras sin parar). La mayor parte de las personas respiran mal, es decir, sus hábitos respiratorios son muy deficientes. Si respiramos poco, llega poco oxígeno a la sangre. Tu metabolismo tiene poca energía, tanto para mover un dedo como para sentir y pensar. El sistema nervioso ocupa más del 50% del oxígeno que incorporamos; si no lo tiene, tu mente y tus sentidos se embotan, la irritación nerviosa aumenta, disminuyen los reflejos y éste no es el mejor modo de vivir.
Mucha gente, frente a situaciones de estrés, aumenta la frecuencia de su respiración contrayendo cuello y hombros y el corazón se desboca. Si esto sucede a diario, el malestar se hace crónico. La respiración yóguica ayuda a mejorar nuestros hábitos respiratorios aumentando la profundidad y con ello la capacidad pulmonar. Esto hace que nuestro organismo se sienta vitalizado, la mente más despierta y nuestra relajación más profunda.
Una mente más lúcida y clara, una respiración profunda y pausada y un cuerpo relajado y armonioso en sus movimientos, hace que la vida se sienta más plena. Pasamos de enfrentar al mundo a ser parte de él, con los seres que amamos. Este es el primer paso en el sendero del yoga. Desde aquí podemos mirar profundamente dentro de nosotros y esperar que el misterio de la vida se manifieste. Que Dios nos hable en lo íntimo de nuestro corazón. Desde este espacio, con este sentimiento, compartir con otros el milagro de vivir.
PURNA YOGA Escuela Advaita Padre Hurtado 919 Las Condes Santiago Chile (56-2) 884 79 41
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Por
Eric Manquez
Yogacharya
Es divertida y alarmante la cantidad de cosas curiosas con que se asocia la palabra Yoga; con gente exótica, con turbante y taparrabos que hipnotizan a quien se le pone por delante. Con un amigo que fue a la india, regresó vestido de naranja y enfermo de espiritual; con la tía de alguien, que se pone patas para arriba para mejorar el cutis; con un montón de herejes que pertenecen a una secta que adora dioses falsos; una técnica para tener poder mental y leer los pensamientos; con un tipo raro que no come carne, no bebe alcohol, no dice malas palabras, con cara de santurrón, que se pasa el día con los ojos blancos mirando hacia el oriente un poco para arriba y que no es precisamente, el alma de las fiestas; con un gurú negro y guatón que embauca a gente ingenua para quitarles su plata; hasta con una niña preciosa que viste de blanco, come lechuguita y no toca el piso al caminar.
En vista de tantas caricaturas que se hacen del Yoga, valga una aclaración:
- Yoga no es solamente hacer posiciones raras y difíciles, como pararse de cabeza, enredar brazos y piernas o ponerse un pie detrás de la oreja. Hacer estas posiciones tampoco demuestra más evolución espiritual. Si así fuera, los artistas del circo estarían iluminados.
- Yoga no es estar todo el tiempo relajado, hacerlo todo lentamente como si fuéramos la nada misma, haciéndole un favor a la vida. Recordemos que la vida nos demanda cierta velocidad para realizar nuestro trabajo cotidiano. Tampoco hay que pensar que tenemos la eternidad por delante. No somos inmortales.
Yoga no es controlar las emociones y que todo nos dé igual. El Yoga nunca ha pretendido crear androides, sino personas conscientes de sus emociones. Son estas las que dan color y calor a la vida. Cualquier acto espiritual es principalmente emotivo. De modo que no se trata de no – sentir, poniendo cara de yo no fui. Se trata de sentir. Vivimos en un mundo afectivo. Si lo suprimimos, suprimimos la vida, la nuestra.
- Yoga no es plantear el antagonismo: lechugas contra carne. Es decir que haya que ser súpervegetariano. A alguien que practica en Punta Arenas, no se le puede exigir que coma sólo vegetales. Tampoco a los que viven en plena montaña, porque no tienen muchos vegetales. Ni terreno de cultivo, ni clima adecuado para su cultivo. Cosa distinta es en zonas templadas y tropicales. La alimentación depende de las zonas, culturas, familia y gustos personales. No es un dogma.
- El Yoga busca desarrollar un sexto sentido: el sentido común.
- Yoga no es quedarse quieto con los ojos cerrados divagando en nuestro mundo interior. Ni buscar imágenes, escuchar voces o sentir calor en la frente. Que veas un triángulo de color púrpura, la virgen de tu devoción o escuches al mismísimo Buda, sólo significa eso: que viste un triángulo color púrpura, la virgen de tu devoción y escuchaste al mismísimo Buda; no dice nada sobre tu evolución. Tampoco que hayas alcanzado un plano superior, como si este plano cotidiano en el cual vives fuera inferior. Si la multitud de imágenes o voces que podemos ver y escuchar con los ojos cerrados fuera indicio de gran espiritualidad, los esquizofrénicos harían seminarios para enseñarnos como lo lograron.
- Yoga no es vestir siempre de blanco. Como si esto nos transformara automáticamente en la espiritualidad misma. Hay que recordar que los hábitos no hacen al monje. Y Doña Violeta dice: “Muchos visten de blanco y Dios me libre por dentro”. Las ropas claras (blancas por ejemplo) predisponen, pero no confieren por sí mismas nada. Hay una actitud interior que da consistencia a lo que vestimos.
- Yoga no es un dogma. Donde siempre las cosas se tengan que hacer de una misma manera. El Yoga es una ciencia y como tal es existencial. Se atiene al proceso siempre cambiante de la vida. Y en esto está el beneficio que nos proporciona, al enseñarnos una actitud de confianza ante el fluir siempre cambiante de nuestra vida. Es esta actitud la que hace del Yoga un arte. El arte de navegar conscientemente nuestra existencia confiando en el viento y el oleaje, como en nuestro cansancio y en nuestra vitalidad. Confiando en que la vida está a favor de nuestra vida, no es contra. Confiando en que el arte del Yoga es expresión: es la expresión de nuestra vida. La humanidad del ser que somos.
PURNA YOGA Escuela Advaita Padre Hurtado 919 Las Condes Santiago Chile (56-2) 884 79 41
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