La búsqueda de Dios.

El logro de arivu (Moksha, la iluminación)

La gran santa Akkamahadevi nació en Karnataka, en el Sur de India, en una época auspiciosa del siglo XII, cuando la espiritualidad tendía hacia la adoración devocional. De niña Mahadevi tenía un profundo anhelo de conocer al Señor, y comenzó a adorar la forma de Shiva conocida como Chenna Mallikarjuna (el Señor Blanco-como-el-Jazmín). Ella sentía que únicamente pertenecía a Chenna Mallikarjuna.

La gran belleza de Mahadevi atrajo la atención de un príncipe llamado Kaushika, cuya determinación de hacerla su esposa estaba por encima de la voluntad de Mahadevi y de sus padres. A cambio de casarse con él, el príncipe prometió solemnemente que de ningún modo apartaría a Mahadevi de la adoración mientras ella deseara hacerla ni impediría que buscase la compañía de otros devotos del Señor. Sin embargo, con el paso del tiempo el príncipe rompió sus promesas una por una. Cuando el último incumplimiento tuvo lugar, Mahadevi inmediatamente abandonó el palacio cubierta solo por su largo pelo suelto. Mientras ella se dirigía hacia la región montañosa de Shri Shailam, lugar consagrado a Chenna Mallikarjuna, cantaba:

“¡El bosque entero eres Tú,

Tú eres los grandiosos árboles

y los pájaros y los animales salvajes!

¡Oh Chenna Mallikarjuna, permíteme ver

en todo tu divino rostro!”

Después de permanecer sola muchos meses, Mahadevi llegó a Kalyana donde un gran número de santos y devotos se reunían para adorar al Señor Shiva. Su vida de renuncia no era algo ordinario en el siglo XII. Las mujeres no eran todavía consideradas igual que los hombres. A causa de esto, incluso Allama Prabhu (el más grande entre los santos) cuestionó su inusual estilo de vida; viéndola como una mujer de salvaje aspecto, le preguntó: “¿A quién estás buscando? ¿Quién es tu marido?” Ella le contestó: “Oh gran Maestro, yo amo a aquel que es Hermoso, que es sin forma, a aquel que está más allá de la muerte y la disolución. Chenna Mallikarjuna es mi marido; todos los demás son insignificantes para mí”. Sus respuestas a las preguntas de Allama Prabhu fueron correctas y admirables, finalmente Mahadevi consiguió convencerle con sus ideas acerca del mundo, el cuerpo y la vida. Los santos y devotos le otorgaron el nombre de “Akka”, que significa “hermana mayor”.

 

Durante su estancia en Kalyana, Allama Prabhu inició a Akkamahadevi en el gran mantra Om Namah Shivaya. En la presencia de Allama Prabhu, Akkamahadevi empezó a profundizar en su enseñanza de estar en el mundo sin depender de él. Finalmente Allama Prabhu bendijo su determinación de alcanzar la inquebrantable unión con el Señor de su corazón. Le dio instrucciones para ascender hasta la cumbre del monte Trikuta y hallar una cueva, para esperar allí la Unión Final.

Para Akkamahadevi la misma tierra era sagrada, ella reconocía lo Absoluto en toda la Creación; las montañas, las cavernas, los animales salvajes y los pájaros eran sus amigos. Una vez alcanzada la cima del monte Trikuta, Akkamahadevi llegó a la entrada de la cueva donde se perdió en éxtasis. Allí vio la divina gloriosa presencia de su Señor y experimentó la unión con lo Sin-Forma. Una de sus más bellas canciones describe este estado de unión:

“No digo que sea Shiva;

no digo que sea uno con Shiva.

No digo que sea unión,

tampoco digo que sea armonía.

No digo que seas Tú,

ni digo que sea yo.

Después de hacerme una con mi Señor,

mi Chenna Mallikarjuna,

¡No puedo decir nada más!”

Ella conoció la presencia del Señor en su cuerpo, su propio aliento se convirtió en su divina Fragancia. Su forma se convirtió en la de ella. No había más conocimiento por adquirir, pues le conocía a El. Únicamente permaneció esperando la Final Disolución del cuerpo físico hasta que su fusión con el Inmenso Vacío fue alcanzada.

Su vida entera como mujer es un testimonio del Poder de un Coraje y una Fe indelebles. Ella probó que una mujer tiene todos los derechos y dispone de todos los medios para llevar una vida entregada a la búsqueda de lo Divino, mientras se encuentre exclusiva y profundamente centrada en la misma búsqueda. Su consejo para quienes suspiran por lo Divino es sumergirse en el Amor plenamente, sin inhibición alguna hasta que…

…”La flecha que es disparada penetre tan profundamente que ni siquiera sus plumas se vean.

Abraza el cuerpo del Señor tan fuertemente que tus huesos resulten triturados y se desmoronen.

Fúndete con lo Divino hasta que la misma fusión desaparezca”

Los comentarios están cerrados.