Primordial, Muscular, Ideal.

Por Yogacharya  Eric Manquez

Buda meditando

El cuerpo primordial, es un cuerpo placido sin intención determinada, el cuerpo del bebe, el de Buda sentado meditando. Se habita en un cuerpo olvidado.

El cuerpo muscular, es el cuerpo de un niño pequeño que corre, trepa y salta, gusta de jugar a las cosquillas, a los mordiscos, a los cariños. Es toda sensación corporal, musculo, sangre y piel, la inmediatez de su cuerpo vivido. Se habita en un cuerpo muscular.

El cuerpo ideal, es el cuerpo que ve el adolescente (y terminamos viviéndolo de  adulto), aquel reflejado en el espejo, el cual trata de actualizar como cuerpo imaginario de sí mismo, ya no está dentro de su piel. Vive en su mundo mental. El más dramático, es el cuerpo de la persona que padece de anorexia. Habita un cuerpo imaginado según su ideal, que solo él/ella ve en la soledad de su mente, el cuerpo de sus sueños en un mundo soñado. Habita un cuerpo ideal, un cuerpo soñado.

En la práctica de asanas, si bien es cierto es una actividad desde el musculo, lo primero que se pretende es que el practicante baje de su idea de cuerpo (cuerpo ideal, cuerpo imaginado) a su cuerpo real, el que todo el mundo ve, este cuerpo muscular,  que en la mayor parte de las personas es un desconocido. Regresar a este cuerpo de sensaciones, musculo, sangre y piel es la primera tarea.

La segunda, es regresar a este cuerpo primordial, en total neutralidad, sin intención en la musculatura. Pues, técnicamente, toda práctica seria de yoga pretende vivenciar este estado de total neutralidad, llamado Samadhi. Esto es, el abandono de toda conducta corporal, para detener momentáneamente toda conducta emotiva, es esta la que nos hace considerar propio, por apetencia o  aversión, el objeto de la percepción. (Para esto, en última instancia es la práctica del pranayama). De este modo, detener la conducta mental y permanecer solo en la presencia de la manifestación de la atención en su origen.  En Lo Uno, Yoga, en lo NO Dual, Advaita, en lo pleno, Purna. La evidente plenitud que vemos en el bebe, en el que la conciencia se manifiesta en una atenta contemplación, desprovista de toda intención ante el fenómeno, y no solo el cuerpo parece olvidado sino la  preferencia emotiva también lo está, y el sujeto de la experiencia también está olvidado, solo la vida contempla la gozosa manifestación de la vida. Esto es lo que simbolizan;  El niño  Krishna. El bebe Jesús en los brazos de María.

En yoga más que construir hay que des-construir, más que ir a un lugar es regresar. Para esto hay que salir del lugar común, más que ir al mundo es salir de él, para ver que es este mundo y quien es el que mira y vivencia ese mundo. La eterna pregunta: que es eso que dice yo.

Mirado desde aquí, la práctica del asana tiene una gran importancia, más allá de su utilidad práctica y cotidiana (como cualquier deporte); mejora la salud, la digestión, el tono y la elongación muscular, el cutis, etc… No hablare de esto que es de público conocimiento  y, por lo demás, abundan comentarios al respecto.

Lo que quiero explicitar, es lo siguiente; entre el cuerpo soñado, esta idea de corporeidad y el cuerpo primordial, el cuerpo olvidado del sueño profundo, esta este cuerpo vivido, el cuerpo muscular, en última instancia el pliegue o frontera (límite y contacto) con este mundo experimentado por todos y cada uno de nosotros. Es este cuerpo muscular con el cual comenzamos la práctica de las asanas, con él nos identificamos desde niños y sin él no hay mundo, estaríamos muertos, para este mundo.

Si bien es cierto que con este cuerpo caminamos, bailamos, gozamos y sufrimos, este cuerpo esta pre-dispuesto, determinado naturalmente por su historia de vida, y esto lo lleva el musculo y lo pre-dispone a una conducta determinada. Cuando se mira el comportamiento corporal de un niño pequeño, su corporeidad resuena plásticamente a la percepción y retorna a su placidez natural. Cuando se observa a un adulto esta plasticidad está perdida y la respuesta no responde a la sorpresa sino una acción pre-determinada, a veces atingente a la situación, pero no tiene el aroma de la espontaneidad.

Al asumir que este cuerpo nos pertenece y actuamos en consecuencia, dejamos  de vivir desde él y dejamos de responder desde la vida que nos atraviesa a través del cuerpo.

Permíteme una pequeña reflexión: Todos los sucesos que nos acontecen,  desde nuestra concepción hasta nuestro nacimiento, es una acontecer del cual no somos el hacedor de aquello. Es decir, ni tu ni yo podemos decir que fue nuestra voluntad la que desarrollo el feto hasta convertirlo en él bebe que fuimos. Es más verosímil decir que la vida lo hizo, como lo viene haciendo desde que el mundo es mundo, con las plantas, los animales y los humanos.

El bebe humano al momento de nacer, es la vida lo que lo habita, la vida se manifiesta a través de él (como en cada uno de nosotros todo el tiempo). El sujeto (de la experiencia) es totalmente receptivo a la experiencia en curso, sin apropiarse de ella. El bebe no infiere (de la experiencia en curso) esto me sucede a mí. Simplemente algo está sucediendo. Su mirada no tiene antecedentes (se va apropiando de la experiencia en curso a medida que vive).

La percepción y la conducta acontecen sin un sujeto que se apropie de la experiencia y con ello (la apropiación de la experiencia) construya un mundo y se construya a sí mismo como identidad independiente de ese mundo. Una identidad propietaria de: su cuerpo, sus emociones, pensamientos, su concepto de sí misma, de los objetos de su mundo.

El bebe, al no apropiarse de la experiencia en curso, vive desde un cuerpo primordial en la vigilia y en el sueño. Al apropiarse de la percepción y la conducta, mientras crece, recuerda los acontecimientos del mundo y se recuerda a sí mismo en el (mundo), que también le pertenece, para él es mi mundo. Aquí en mí mundo suceden sucesos interesantes y yo los provoco.

La conducta corporal  progresa de movimientos reflejos a movimientos coordinados. Desde sentarse, gatear, manipular objetos, hasta caminar, saltar, trepar y correr. Comienza a vivir en su cuerpo muscular en la vigilia y puede fácilmente recogerse en su cuerpo primordial al dormir. Podemos ver un niño de siete u ocho años, expresarse corporalmente, emotiva y verbalmente, bastante bien considerando su edad y dormir como angelito. Sin las inquietudes y sobresaltos de un adolescente o un adulto. Que al transformar su identidad en una idea o concepto de sí mismo, se des-identifica de su cuerpo muscular, deja de ser un cuerpo sentido, un cuerpo vivido, permaneciendo cada vez más lejano y olvidado su cuerpo primordial.

Profesoras de Purna Yoga
practican en la Escuela Advaita

Su cuerpo muscular ya no es lleno de sensaciones, sino un cuerpo al servicio de la idea o concepto de sí mismo, la imagen que quiere proyectar en el espejo, la imagen que quiere que otros vean como representación del sujeto.

Con esta idea de corporeidad, su cuerpo muscular (cuerpo vivido mediante las sensaciones) se olvida y se opera en el automáticamente, el musculo se aprieta para representar la idea que se quiere proyectar (en desmedro de la operatividad) duele y se enferma.

Basta recordar, el joven que usa los pantalones tan abajo que debe separar las piernas para sujetar el pantalón, al correr debe hacerlo con las piernas separadas, haciendo incómodo y deficiente su carrera, si junta los pies se le caen los pantalones. O, la joven que es muy delgada y tiene glúteos pequeños, hace todo lo posible que sus glúteos se vean más protuberantes y no le queda más que arquear la cintura provocándose una hiperlordosis, pero no importa, algo más de glúteos los otros verán.

La idea de sí mismo pasa a ser más importante que el acontecimiento del momento. Esto impide, no solo, que las tareas de la vigilia sean más eficientes, sino también, y lo que es peor, el reposo pierda calidad. El cuerpo primordial se ha olvidado tan completamente, que ya no podemos descansar como angelitos, plácidamente como el bebe. Y como consecuencia de la falta de reposo profundo y reparador, el sujeto despierta cansado, con el cuerpo apretado y el estrés de la vigilia le produce lo mismo, el musculo se aprieta y se cansa. Comienza su día cansado y termina peor, duerme y no descansa, y el ciclo continúa.

Asi es la vida cotidiana de la mayor parte mayor parte de las personas en este planeta, exigiendo a su cuerpo y los objetos del mundo que se comporten según su voluntad. Creemos dominar nuestro cuerpo, el mundo y los acontecimientos. Ya no vivimos ni pertenecemos a este cuerpo, este mundo y sus aconteceres.

Cuando abordamos nuestra practica de asanas, en vez de ser una herramienta para volver a re-descubrir y recuperar este cuerpo muscular, este cuerpo vivido, lo forzamos a una idea de cómo debe ser la posición, olvidando nuevamente las sensaciones.

A través del asana se recupera la sensación de cuerpo vivido, el goce que sientes al bostezar o estirarte de mañana para desperezarte, que hace que el cuerpo diga como haz de estírate y sientes esta oleada de placer.

En el Tantra, desde donde viene la práctica de asanas, hay un lema:

Profesorado de Purna Yoga
en la Escuela Advaita

“No hay yoga sin bhoga, y no hay bhoga sin yoga”.

No hay sensación de unidad sin goce de la sensación de placer y no hay goce de la sensación de placer sin sensación de unidad.

El detalle de lo anterior está en lo siguiente; Cuando se manifiesta la sensación de unidad, como el goce de la sensación de placer, el cuerpo ideal, la idea o concepto de sí mismo ha desaparecido, y como este auto concepto de sí mismo es quien ejerce la voluntad, voluntariamente tú no lo puedes hacer.

El asana no se hace, se busca, del mismo modo que cuando sientes la necesidad de bostezar, abres la boca y te pones a disposición de la sensación que indica que te abandones, para que la vida te inunde en el bostezo.

Y el cuerpo muscular, el cuerpo vivido pleno de sensaciones, en el acto mismo desaparece, dejando paso a este cuerpo primordial donde la vida se manifiesta plenamente, a pesar de la idea o concepto de sí mismo.

Practicar las diversas asanas, es para acostumbrarnos a sentir como somos  inundados por la vida todo el tiempo. Como dije antes, no se hace, más bien dejas que ella sea manifieste en ti, a través de la sensación que surge. Es esta sensación la que permite el olvido gozoso del cuerpo, neutralidad de las emociones y la serenidad de la mente. Esto es tan útil para la vida cotidiana, como también para despertar en esta existencia.

Para concluir basta recordar lo que Sri Shankara Acharya dice, en  el texto Aparoksha Anubhuti (La realización directa), respecto del asana:

“La mera rigidez del cuerpo como tronco seco de árbol no es equilibrio”. (115)

“Debes saber que la real postura es aquella donde la meditación sobre Brahman (Lo Absoluto) fluye espontánea e incesantemente, y ninguna otra postura penosa que destruya la felicidad”

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