Samkaras y Vasanas

Por Yogacharya Eric Manquez

Chitta – la substancia mental – se modifica por los Vrittis – las olas de pensamiento – que se suceden constantemente, dejando samskaras – impresiones – en Chitta – la substancia mental -, y cuando los samskaras – impresiones – se fijan, se transforman en vasanas – hábitos – y estas se transforman en conductas – karma –

En buen castellano; la mente, como espacio perceptivo, es visitado constantemente por los interminables pensamientos diarios, la cháchara cotidiana, cada pensamiento deja una impresión que, en la medida de ser repetitiva, forma una configuración que se transforma en un hábito y luego, este hábito, se convierte en una conducta mental, emotiva y física .

Los pensamientos – Vrittis – y las impresiones resultantes – samskaras – son lo propio de la naturaleza de la existencia vivida, en este sentido son neutras, es lo que acontece y como acontece el funcionamiento de la mente. Se convierten en una configuración fija – vasana –, se adopta un hábito, cuando el sujeto que piensa se apropia del hecho por apetencia o aversión, de modo que para él significan algo, y esto es lo que lo mueve a la conducta y el círculo se cierra.

Yo me apropio del pensamiento porque me gusta o me disgusta, esto es, el yo que piensa es afectado, se enamora, mora, vive en y para el pensamiento, esto es lo que genera una conducta mental, fijando la configuración, transformándola en un hábito – Vasana – que tarde o temprano se manifiesta en una conducta, que con su reiteración se fija. Esta conducta, hecha por alguien que se siente hacedor de aquella conducta, es lo que encadena a la rueda de la existencia – samsara – y genera el karma, acción que tendrá una consecuencia posterior, esta consecuencia modificara la mente – chitta – nuevamente, mediante los pensamientos – vrittis – dejan impresiones – samskaras -, que al estar las configuraciones fijadas de antemano – vasanas – los hábitos se refuerzan, generando la conducta habitual – karma – … y la rueda de la existencia – samsara – continua rodando sin parar, hasta la eternidad. Estas configuraciones o hábitos – vasanas – continúan, momento a momento, año tras año, vidas tras vidas. Por esto se busca la liberación – Mukta – de este fenómeno, la rueda de la existencia – samsara -.

La no-comprensión del fenómeno se llama la Ignorancia básica – avidya -, y su liberación – mukta – su extinción – nirvana -, comienza por mantener la atención en calma – Samadhi -, ante el fenómeno de la existencia y sus modificaciones. Del establecimiento de esta atención sin modificaciones, surge el aislamiento – kaivalya – regresando al origen – turiya (el cuarto estado de la mente) – permaneciendo sin contacto – asparsha – con el fenómeno.

Noúmeno y fenómeno coexisten sin ningún contacto. El vacío es la forma y la forma el vacío, ser de este mundo sin pertenecer a él, Brahman y Maya, Purusha y Prakriti, Shiva y shakti.

Solo surge aquí una exclamación ¡¡¡ Om Nama Shivaia !!! , ¡¡¡ Aham Brahmasmi !!!

Ahora la pregunta del millón: ¿Qué hacer, si la existencia humana parece una maldición, un yugo tan firmemente apretado, una cadena sin fin de acontecimientos que la única esperanza cierta que se cierne sobre cada uno de nosotros, a cada instante, es envejecer, enfermar y morir?

La tradición siempre apela a la comprensión del fenómeno, el hecho en sí, independiente si te gusta o te disgusta el hecho.

El hecho es; mientras haya un yo, una persona que se apropia de la experiencia en curso, la rueda seguirá rodando incesantemente.

¿Cómo detenerlo? Si el flujo del pensamiento es como ir a toda velocidad en un automóvil y querer detenerlo poniendo la marcha atrás (reversa). Lo único se puede lograr así es destruir la caja de cambios. Intentarlo de este modo es una locura. ¿Entonces, cómo?

La tradición es majadera en repetir, una y otra vez, que cada uno de nosotros, se da cuenta del incesante oleaje del pensamiento, producto de la constante apreciación del acontecer de la vida cotidiana, porque hacemos uso de la capacidad de Atención, y esta capacidad que surge de la conciencia misma que toca el objeto y produce la impresión en nuestra mente y decimos; me doy cuenta que algo ME sucede. Y ME sucede a MÍ, porque me gusta o me disgusta.

Estamos tan enamorados de este juego, porque es este juego de verme en mis actos, el que me construye, me reconfigura y con el adquiero la sensación de Ser Alguien. Me veo y defino en lo otro y en el otro. Como el niño que en su primera representación teatral, en su jardín infantil, sobre el escenario está más pendiente de saludar a sus padres y hermanos, que en actuar, para ser reconocido y en ese reconocimiento el mismo se reconoce. Porque, si no, le pasa lo del inmigrante que no lo conoce nadie, nadie lo re-conoce, nadie lo saluda, a poco andar se siente como un fantasma, todo el mundo pasa sin verlo, él es sin ser visto.

Entonces toma tu Atención y fíjala a un objeto, de modo que permanezca por un periodo de tiempo sin oscilaciones, sin oleaje en la mente, a modo de entrenar la atención, que dada las condiciones de la vida, es muy peregrina, va de un pensamiento en otro, este es su hábito – vasana- . Sale de esta actitud, para que se genere un hábito nuevo (una conducta repetida sin esfuerzo). Una atención concentrada, la atención fija un periodo de tiempo. Esto hará que la mente se calme, la rueda de la existencia – samsara -, que es el hábito de seguir con la atención cada pensamiento, poco a poco se detendrá. Solo la perseverancia nos lleva a la otra orilla del río, y nos permite cruzar este caudaloso río de la mente, con su incesante flujo de pensamientos.

Naturalmente, por la maduración de la práctica, la Atención, prescindirá del objeto y permanecerá la Atención sobre ella misma, en total neutralidad, la rueda de la existencia – samsara – podrá seguir girando, tú has regresado al eje que nunca se mueve. Esto es Meditación, una dichosa presencia que contempla sin objeto.

Que más decir sobre un tema tan complejo como la vida vivida…

Solo recordar las palabras sabias e inspiradoras, de quien vive del otro lado del espejo, quien ya no necesita ni la imagen ni su reflejo… Nisargadatta Maharaj: Tenga coraje… sea serio en su práctica…

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