Purna Yoga

Revista 2010

17 noviembre 2011

Asanas

Archivado bajo: General — Eric Manquez @ 15:05

Por Yogacharya Eric Manquez

En yoga, las Asanas (Posc. Corporales) son de vital importancia en sí mismas, como también en la práctica de Pranayama (Ejerc. Respiratorios) y de Dhyana (Meditación), en la cual es necesario una asana confortable.

En algunas prácticas de asanas se ha incorporado, a mi parecer, la finalidad de otras disciplinas, a la finalidad que estas tienen en el yoga. En el deporte se busca el rendimiento y en la danza la expresión estética, en ambas, tanto su entrenamiento como en su puesta en escena, no hay una sensación sentida del cuerpo en sí mismo, sino en función del logro de la finalidad en la puesta en escena. Y en el yoga es la sensación sentida del cuerpo vivido lo que te regresa al momento presente, bajando de la idea de cuerpo, mediante el aumento de la propioceptividad del cuerpo muscular, hasta recuperar el cuerpo primordial, condición absolutamente necesaria para la vivencia de la neutralidad cognitiva, llamada dhyana.

Con lo anterior no quiero decir, en modo alguno, que las asanas no deban practicarse buscando el rendimiento y/o la estética, primero porque esto  ya se hace y segundo porque cada cual es libre de practicar como estime conveniente. He hecho mención a esto para contextualizar mi punto de vista, en lo que se refiere a la práctica de las asanas y por extensión del yoga en general.

En la actualidad hay suficientes publicaciones serias que muestran los beneficios del yoga. Desde el desarrollo de la capacidad motora hasta la mejora del ánimo. De modo que, no me referiré a algo que es de conocimiento público.

Quiero, empezar por recordar algunos conceptos básicos que nos ayudaran a entender, mi punto de vista respecto de la práctica de Asanas, su razón de ser, su ejecución y finalidad.

El manual se adapta a la persona y no la persona al manual. Con esto quiero decir que, la ejecución ideal de un asana, se debe adaptar a la morfología, edad y condiciones de la persona real, de carne y hueso, que practica. No al revés, esto es, forzar a la persona por cualquier manipulación a que se acerque,  a como de lugar, al ideal. Esto se llama la cama de Procusto, una cama en la cual se acuesta a la persona, si la persona es más pequeña, la estiramos hasta que quepa justo, si es más grande que la cama, se le cortan las piernas, para que quepa.

En la ejecución de un asana, el musculo, como toda substancia elástica, se estira hasta su límite, si sigues tirando se rompe, musculo y tendón se resienten. La fuerza del musculo resiste, también, hasta su límite, después de eso la vibración o tiritón que se produce, no es la energía espiritual que viene a tu rescate, es el agotamiento muscular que provoca la vibración,  porque el musculo está cansado, después de eso colapsa. Y llevar el musculo hasta el colapso, por elongación o tono, no es sano.

Es claro que, en la ejecución del asana uno debe poner voluntad, de modo de mejorar la condición muscular y, por sobre todo, salir de cierta indolencia corporal y recuperar esta turgencia corporal que vemos en los niños pequeños, que acompaña su respuesta inmediata y fresca a los acontecimientos del mundo. Pero de aquí a la poca aceptación de que hay lo que hay, como si quisieras batir un record, hay un abismo.

El bostezo y el estiramiento para desperezarse, es un buen ejemplo de lo que me refiero con esta sensación sentida del cuerpo vivido, que nos obliga desde la propiocepción. Cuando bostezas, primero tienes ganas de hacerlo, aunque a veces uno lo provoca o mirando a otro que bosteza tú sientes ganas. Uno abre la boca y adopta una disposición y debes esperar para que el cuerpo responda y te inunde con el bostezo.

Primero; tú no haces el bostezo, el cuerpo lo hace, tú solo haces el gesto y te entregas a la disposición para que aquello suceda.

Segundo; el bostezo no se limita a la sensación en la boca, sino que, al inundarte se extiende por todo el cuerpo, despertando la propiocepción. Y en un bostezo bien hecho, estiras brazos y piernas, apretando la musculatura, desperezándote.

Tercero; una gratísima y relajante sensación sentida del cuerpo vivido te inunda. Tú no lo haces, solo te pones a disposición de ser inundado desde la corporeidad.

Cuarto; un buen bostezo no depende del tamaño de tu boca, ni de cuanto se separen tus mandíbulas, ni de la fuerza de tus músculos, ni de cuan elásticos sean. Puesto que al producirse el bostezo, tu cuerpo indica lo que hay que hacer. TU NO. Tú desapareces, solo la vida vivida se manifiesta, a pesar de ti.

En el desperezamiento, uno comienza por la disposición del cuerpo, haces pequeñas contorciones estirándote y de pronto la sensación de tu cuerpo te inunda y te cruje todo, a veces culmina con un buen bostezo.

Conclusión; en la ejecución del asana se pretende descubrir esta disposición y esta sensación sentida del cuerpo vivido, que nos permite bajar del cuerpo ideal (o idea de cuerpo) y recuperar el cuerpo muscular a través del placer que surge desde él. Este cuerpo muscular es el mismo que definiste cuando pequeño, que te permitió, lleno de gozo, caminar, saltar, trepar, etc., y te permite hoy desplazarte y manipular objetos, solo que ahora lo acarreas una tanto anestesiado. Este cuerpo, aunque opera y lo puedes obligar con tu voluntad, seguirá siendo un desconocido oculto en el dolor, pues el cuerpo muscular vive del placer. No es una idea de placer ni una idea de cuerpo. Una idea de cuerpo es la de la anoréxica mirándose al espejo y una idea de placer es el aparente bienestar que dice tener.

Un ejemplo de  la sensación sentida del cuerpo vivido al que me refiero es sensorial; imagina un limón que cortas y cae el jugo, imagina que lo acercar a tu boca y el jugo gota agota cae en tu lengua, la sensación que sientes en tu boca al salivar, es la sensación sentida de tu cuerpo vivido. El espacio inmediato con el cual vives en el mundo, sin él no hay mundo.

En el asana se trata de descubrir esta misteriosa sensación sentida de tu cuerpo vivido, la propioceptividad del cuerpo muscular. Al mantenerlo quieto y en una disposición de esperar, a que se manifieste a través de la sensación placentera, en la actividad o rigor que el asana exige, nos permite recuperar este cuerpo vivido.

De la práctica del asana, en este cuerpo vivido, en lo muscular, en lo sensorial, nos permite la relajación del musculo y la distancia necesaria de la sensación propioceptiva para que surja el cuerpo primordial, condición absolutamente necesaria para la vivencia de la neutralidad cognitiva, llamada Dhyana.

 

 

2 noviembre 2011

Samskaras y Vasanas

Archivado bajo: General — Eric Manquez @ 18:36

por Yogacharya  Eric Manquez

Chitta – la substancia mental -  se modifica por  los Vrittis – las olas de pensamiento – que se suceden constantemente, dejando samskaras – impresiones – en Chitta – la substancia mental -,  y cuando los samskaras – impresiones – se fijan, se transforman en vasanas – actitudes – y estas se transforman en conductas – karma –

En buen castellano; la mente, como espacio perceptivo, es visitado constantemente por los interminables pensamientos diarios, la cháchara cotidiana, cada pensamiento deja una impresión que, en la medida de ser repetitiva, forma una configuración que se transforma en una actitud y luego, esta actitud, se convierte en una conducta mental, emotiva  y/o física .

Los pensamientos – Vrittis -  y las impresiones resultantes – samskaras – son lo propio de la naturaleza de la existencia vivida, en este sentido son neutras, es lo que acontece y como acontece el funcionamiento de la mente. Se convierten en una configuración fija – vasana –, adopta una actitud, cuando el sujeto que piensa se apropia del hecho por apetencia o aversión, de modo que para él significan algo, y esto es lo que lo  mueve a la conducta y el círculo se cierra.

Yo me apropio del pensamiento porque me gusta o me disgusta, esto es, el yo que piensa es afectado, se enamora, mora, vive en y para el pensamiento, esto es lo que genera una conducta mental, fijando la configuración transformándola en una actitud – Vasana – que tarde o temprano se manifiesta en una conducta, que con su reiteración se transforma en hábito. Esta conducta, hecha por alguien que se siente hacedor de aquella conducta,  es lo que encadena a la rueda de la existencia – samsara – y genera el karma, acción que tendrá una consecuencia posterior, esta consecuencia modificara la mente – chitta – nuevamente, mediante  los pensamientos – vrittis – dejan impresiones – samskaras -, que al estar las configuraciones fijadas de antemano – vasanas -  las actitudes se refuerzan, generando la conducta habitual, el hábito  – karma – … y la rueda de la existencia – samsara – continua rodando sin parar, hasta la eternidad. Estas configuraciones o actitudes – vasanas – continúan, momento a momento, año tras año, vidas tras vidas. Por esto se busca la liberación – Mukta – de este fenómeno, la rueda de la existencia – samsara -.

La no-comprensión del fenómeno se llama la Ignorancia básica  – avidya -, y su liberación – mukta – su extinción – nirvana -, comienza por mantener la atención en calma – Samadhi -, ante el fenómeno de la existencia y sus modificaciones. Del establecimiento de esta atención sin modificaciones, surge el aislamiento – kaivalya – regresando al origen – turiya (el cuarto estado de la mente) – permaneciendo sin contacto – asparsha – con el fenómeno.

Noúmeno y fenómeno coexisten sin ningún contacto. El vacío es la forma y la forma el vacío, ser de este mundo sin pertenecer a él, Brahman y Maya, Purusha y Prakriti, Shiva y shakti.

Solo surge aquí una exclamación ¡¡¡ Om Nama Shivaia !!! , ¡¡¡ Aham Brahmasmi !!!

Ahora la pregunta del millón: ¿Qué hacer, si la existencia humana parece una maldición, un yugo tan firmemente apretado, una cadena sin fin de acontecimientos que la única esperanza cierta que se cierne sobre cada uno  de nosotros, a cada instante, es envejecer, enfermar y morir?

La tradición siempre apela a la comprensión del fenómeno, el hecho en sí, independiente si te gusta o te disgusta el hecho.

El hecho es; mientras haya un yo, una persona que se apropia de la experiencia en curso, la rueda seguirá rodando incesantemente.

¿Cómo detenerlo?  Si el flujo del pensamiento es como ir a toda velocidad en un automóvil y querer detenerlo poniendo la marcha atrás (reversa). Lo único se puede lograr así es destruir la caja de cambios. Intentarlo de este modo  es una locura. ¿Entonces, cómo?

La tradición es majadera en repetir, una y otra vez, que cada uno de nosotros, se da cuenta del incesante oleaje del pensamiento, producto de la constante apreciación del acontecer de la vida cotidiana, porque hacemos uso de la capacidad de Atención, y esta capacidad que surge de la conciencia misma que toca el objeto y produce la impresión en nuestra mente y decimos; me doy cuenta que algo ME sucede. Y ME sucede a MÍ, porque me gusta o me disgusta.

Estamos tan enamorados de este juego, porque es este juego de verme en mis actos, el que me construye, me reconfigura y con el adquiero la sensación de Ser Alguien. Me veo y defino en lo otro y en el otro. Como el niño que en su primera representación teatral, en su jardín infantil, sobre el escenario está más pendiente de saludar a sus padres y hermanos, que en actuar, para ser reconocido y en ese reconocimiento el mismo se reconoce. Porque, si no, le pasa lo del inmigrante que no lo conoce nadie, nadie lo re-conoce, nadie lo saluda, a poco andar se siente como un fantasma, todo el mundo pasa sin verlo, él es sin ser visto.

Entonces toma tu Atención y fíjala a un objeto, de modo que permanezca por un periodo de tiempo sin oscilaciones,  sin oleaje en la mente, a modo de entrenar la atención, que dada las condiciones de la vida, es muy peregrina, va de un pensamiento en otro, esa es su actitud – vasana- . Sale de esta actitud, para que se genere un hábito nuevo (una conducta repetida sin esfuerzo). Una atención concentrada, la atención fija un periodo de tiempo. Esto hará que la mente se calme, la rueda de la existencia – samsara -, que es el hábito de seguir con la atención cada pensamiento,  poco a poco se detendrá. Solo la perseverancia nos lleva a  la otra orilla del rio, y nos permite cruzar este caudaloso rio de la mente, con su incesante flujo de pensamientos.

Naturalmente, por la maduración de la práctica, la Atención, prescindirá del objeto y permanecerá la Atención sobre ella misma, en total neutralidad, la rueda de la existencia -  samsara -  podrá seguir girando, tú has regresado al eje que nunca se mueve. Esto es Meditación, una dichosa presencia que contempla sin objeto.

Que más decir sobre un tema tan complejo como la vida vivida…

Solo recordar las palabras sabias e inspiradoras, de quien vive del otro lado del espejo, quien ya no necesita ni la imagen ni su reflejo… Nisargadatta Maharaj: Tenga coraje… sea serio en su práctica…

 




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