Por Yogacharya Eric Manquez
En yoga, las Asanas (Posc. Corporales) son de vital importancia en sí mismas, como también en la práctica de Pranayama (Ejerc. Respiratorios) y de Dhyana (Meditación), en la cual es necesario una asana confortable.
En algunas prácticas de asanas se ha incorporado, a mi parecer, la finalidad de otras disciplinas, a la finalidad que estas tienen en el yoga. En el deporte se busca el rendimiento y en la danza la expresión estética, en ambas, tanto su entrenamiento como en su puesta en escena, no hay una sensación sentida del cuerpo en sí mismo, sino en función del logro de la finalidad en la puesta en escena. Y en el yoga es la sensación sentida del cuerpo vivido lo que te regresa al momento presente, bajando de la idea de cuerpo, mediante el aumento de la propioceptividad del cuerpo muscular, hasta recuperar el cuerpo primordial, condición absolutamente necesaria para la vivencia de la neutralidad cognitiva, llamada dhyana.
Con lo anterior no quiero decir, en modo alguno, que las asanas no deban practicarse buscando el rendimiento y/o la estética, primero porque esto ya se hace y segundo porque cada cual es libre de practicar como estime conveniente. He hecho mención a esto para contextualizar mi punto de vista, en lo que se refiere a la práctica de las asanas y por extensión del yoga en general.
En la actualidad hay suficientes publicaciones serias que muestran los beneficios del yoga. Desde el desarrollo de la capacidad motora hasta la mejora del ánimo. De modo que, no me referiré a algo que es de conocimiento público.
Quiero, empezar por recordar algunos conceptos básicos que nos ayudaran a entender, mi punto de vista respecto de la práctica de Asanas, su razón de ser, su ejecución y finalidad.
El manual se adapta a la persona y no la persona al manual. Con esto quiero decir que, la ejecución ideal de un asana, se debe adaptar a la morfología, edad y condiciones de la persona real, de carne y hueso, que practica. No al revés, esto es, forzar a la persona por cualquier manipulación a que se acerque, a como de lugar, al ideal. Esto se llama la cama de Procusto, una cama en la cual se acuesta a la persona, si la persona es más pequeña, la estiramos hasta que quepa justo, si es más grande que la cama, se le cortan las piernas, para que quepa.
En la ejecución de un asana, el musculo, como toda substancia elástica, se estira hasta su límite, si sigues tirando se rompe, musculo y tendón se resienten. La fuerza del musculo resiste, también, hasta su límite, después de eso la vibración o tiritón que se produce, no es la energía espiritual que viene a tu rescate, es el agotamiento muscular que provoca la vibración, porque el musculo está cansado, después de eso colapsa. Y llevar el musculo hasta el colapso, por elongación o tono, no es sano.
Es claro que, en la ejecución del asana uno debe poner voluntad, de modo de mejorar la condición muscular y, por sobre todo, salir de cierta indolencia corporal y recuperar esta turgencia corporal que vemos en los niños pequeños, que acompaña su respuesta inmediata y fresca a los acontecimientos del mundo. Pero de aquí a la poca aceptación de que hay lo que hay, como si quisieras batir un record, hay un abismo.
El bostezo y el estiramiento para desperezarse, es un buen ejemplo de lo que me refiero con esta sensación sentida del cuerpo vivido, que nos obliga desde la propiocepción. Cuando bostezas, primero tienes ganas de hacerlo, aunque a veces uno lo provoca o mirando a otro que bosteza tú sientes ganas. Uno abre la boca y adopta una disposición y debes esperar para que el cuerpo responda y te inunde con el bostezo.
Primero; tú no haces el bostezo, el cuerpo lo hace, tú solo haces el gesto y te entregas a la disposición para que aquello suceda.
Segundo; el bostezo no se limita a la sensación en la boca, sino que, al inundarte se extiende por todo el cuerpo, despertando la propiocepción. Y en un bostezo bien hecho, estiras brazos y piernas, apretando la musculatura, desperezándote.
Tercero; una gratísima y relajante sensación sentida del cuerpo vivido te inunda. Tú no lo haces, solo te pones a disposición de ser inundado desde la corporeidad.
Cuarto; un buen bostezo no depende del tamaño de tu boca, ni de cuanto se separen tus mandíbulas, ni de la fuerza de tus músculos, ni de cuan elásticos sean. Puesto que al producirse el bostezo, tu cuerpo indica lo que hay que hacer. TU NO. Tú desapareces, solo la vida vivida se manifiesta, a pesar de ti.
En el desperezamiento, uno comienza por la disposición del cuerpo, haces pequeñas contorciones estirándote y de pronto la sensación de tu cuerpo te inunda y te cruje todo, a veces culmina con un buen bostezo.
Conclusión; en la ejecución del asana se pretende descubrir esta disposición y esta sensación sentida del cuerpo vivido, que nos permite bajar del cuerpo ideal (o idea de cuerpo) y recuperar el cuerpo muscular a través del placer que surge desde él. Este cuerpo muscular es el mismo que definiste cuando pequeño, que te permitió, lleno de gozo, caminar, saltar, trepar, etc., y te permite hoy desplazarte y manipular objetos, solo que ahora lo acarreas una tanto anestesiado. Este cuerpo, aunque opera y lo puedes obligar con tu voluntad, seguirá siendo un desconocido oculto en el dolor, pues el cuerpo muscular vive del placer. No es una idea de placer ni una idea de cuerpo. Una idea de cuerpo es la de la anoréxica mirándose al espejo y una idea de placer es el aparente bienestar que dice tener.
Un ejemplo de la sensación sentida del cuerpo vivido al que me refiero es sensorial; imagina un limón que cortas y cae el jugo, imagina que lo acercar a tu boca y el jugo gota agota cae en tu lengua, la sensación que sientes en tu boca al salivar, es la sensación sentida de tu cuerpo vivido. El espacio inmediato con el cual vives en el mundo, sin él no hay mundo.
En el asana se trata de descubrir esta misteriosa sensación sentida de tu cuerpo vivido, la propioceptividad del cuerpo muscular. Al mantenerlo quieto y en una disposición de esperar, a que se manifieste a través de la sensación placentera, en la actividad o rigor que el asana exige, nos permite recuperar este cuerpo vivido.
De la práctica del asana, en este cuerpo vivido, en lo muscular, en lo sensorial, nos permite la relajación del musculo y la distancia necesaria de la sensación propioceptiva para que surja el cuerpo primordial, condición absolutamente necesaria para la vivencia de la neutralidad cognitiva, llamada Dhyana.
