Por Yogacharya Eric Manquez

La mayor parte de la s personas, por no decir todas, tienen la necesidad de sentirse cómodas internamente. Esta sensación de calma, de unidad interior nos permite actualizar la creatividad que tenemos y expresar nuestra intimidad, sentimientos, anhelos, pensamientos e intuiciones.

Sin embargo, algunas personas no se sienten viviendo desde este espacio. Por el contrario, las expresiones más frecuentes son; que están estresados, molestos, agotados, y lo que desean es tener un poco de calma, para poder disfrutar con sus seres queridos, antes que se les pase la vida. Esta unidad interior pasa a ser el paraíso perdido.

Si las cosas están así, la pregunta es: ¿Cómo regresar a este estado que se supone normal?

El Yoga nos plantea lo siguiente; a través de la profunda serenidad de la mente, podemos regresar a esta unidad interior, encontrando sentido a nuestra vida.

Primero una observación: ¿Te has dado cuenta que tu mente, habitualmente, asocia una cosa a la otra y así sucesivamente, hasta no saber donde empezaste? Y en este incesante flujo de asociaciones pareciera que tú no tienes el control de tus propios pensamientos. Y si no tienes control sobre ellos, suele surgir cualquier pensamiento, que inquieta a tu cuerpo, agita tu emoción y esto vuelve a influir sobre los pensamientos… y esto es de nunca acabar.

La siguiente pregunta es: ¿Somos sólo este incesante vagabundeo de la mente o somos algo más que eso? Naturalmente desde el momento que nos podemos dar cuenta que esto nos sucede, es que somos algo más que este vagabundeo mental.

El Yoga nos propone adiestrar la mente. Adiestrar la mente, es producir calma en ella, para permanecer observando el acontecer, desde esta Ser que somos, más allá de los pensamientos.

¿Y como producir calma en la mente? Para tener calma en la mete, el adiestramiento comienza por serenar el cuerpo, luego la respiración y con esto es mucho más fácil serenar la mente. Esto es el comienzo de lo que llamamos Meditación. Comienza con la calma de la mente, como quien se abstiene de cualquier movimiento para que las aguas del lago se aquieten y cuando lo estás, naturalmente, podemos mirar el fondo del lago.

La serenidad de la mente es el comienzo de nuestro viaje a la profundidad natural que la conciencia humana posee. Profundamente serena y compasiva.

Un modo sencillo de realizar esta práctica es:

1.- Siéntate en una posición cómoda. En un sillón, sobre un cojín, o de piernas cruzadas. Lo que sea cómo para ti.

2.- Que tu columna este recta. Puedes afirmar tu espalda sobre el respaldo si estas en un sillón, o en la pared si estas en el suelo.

3.- NO lo hagas acostada, suele dar sueño, luego duermes y eso es precisamente lo que hay que evitar.

4.- Estás sentada con la columna recta, cierra tus ojos.

5.- Del mismo modo que te dispones a descansar o a dormir, recrea esta actitud.

6.- Comienza por observar que tu cuerpo este quieto. Siente el peso de tu cuerpo, así tal cual esta. No tienes que estar, más o menos pesado de lo que esta. Observa, así como lo sientes, está bien.

7.- Sintiendo el peso de tu cuerpo, observa que este lo más relajado que puedas.

8.- Luego que sientas que estas cómoda y relajada, naturalmente tu respiración será más lenta, más tranquila. Observa como sucede espontáneamente. Por un momento.

9.- Mantén tu mirada, tu atención, en el centro de tu pecho y solo observa cómo se mueve tu pecho al ritmo de tu respiración. Permanece observando-sintiendo el movimiento del centro de tu pecho. Y mantienes esta disposición a descansar profundamente. Mientras miras-sientes tu pecho como se mueve suavemente al ritmo de tu respiración. Solo contempla.

Luego de un momento puedes abrir tus ojos y estirarte, desperezarte, y continúa con tus quehaceres diarios. Puedes practicar esto diariamente unos 10 a 15 minutos.

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