Por Yogacharya Eric Manquez

Cuando estamos libres de presiones, de cualquier tipo, nos sentimos bien. Nos sentimos agradecidos de la vida, tendemos a actualizar los valores y pensar en Dios. Cuando sucede lo contrario, presiones por todos lados y con múltiples exigencias, la irritación y el malestar es de lo único que nos damos cuenta, todo se torna gris y el encanto de la vida no lo vemos por ninguna parte.

La vida moderna está llena de presiones y exigencias generadoras de tanto estrés ¿quién podría vivir libre de ello?
El estrés es una respuesta orgánica a las exigencias cotidianas. Cuando respondemos excesivamente podemos decir que estamos estresados.Esto se nos manifiesta como: Tensión en el cuerpo: Espalda, hombro, cuello y mandíbulas apretadas, ceño fruncido, colon irritable, taquicardia, hipertensión, etc. Tensión mental: Insomnio, falta de atención, desmemoriado y un parloteo mental que no para (el rollo da vueltas sin cesar).Agitación respiratoria: Respiración corta y frecuente (provocadora de más estrés), emociones alteradas a punto de explotar, etc.

Si esto es lo que nos pasa ¿qué podemos hacer?
El Yoga como método (aún no siendo la panacea) nos brinda una opción que transforma este círculo vicioso en virtuoso. De modo de ser calmadamente activo y activamente calmado, en esta sociedad que vivimos, con sus múltiples exigencias.

Para vivir necesitamos:
Que nuestro cuerpo vuelva a ser flexible y armonioso en sus movimientos, para una vida más eficiente y prolongada. A modo de ejemplo, la musculatura, de tu cuerpo debe ser lo suficientemente elástica para que las articulaciones (tobillo, rodilla, coxofemoral) estén libres para poder realizar su trabajo sin tanto desgaste. Lo mismo que, frecuentemente, los dolores de espalda son debido a que la musculatura se apretó tanto que presiona las vértebras y los nervios que salen de la columna. Los ejercicios corporales yóguicos ayudan a devolver la armonía y elasticidad de la musculatura, aumentan la irrigación, mejoran el tono muscular y relajan en grado sumo.

Que nuestra mente esté serena. Para lograr esto es necesario focalizar la atención, evitando el incesante divagar de la mente. Por ejemplo, cuando piensas que en tu oficina tienes trabajo, recuerdas uno que tienes atrasado, ves al jefe entregándote otro trabajo más por hacer y como lo necesitaba ayer te lo pide para hoy, tendrás que salir más tarde; te acuerdas de la reunión del colegio de los niños, hay que pasar al supermercado, no llamaste a tal persona, etc., etc. Tu mente sigue asociando cosas, tu respiración se agita, tu guata se aprieta, te dan taquicardias y ya dejaste de pasarlo bien. Si pones atención verás que esto lo haces varias veces todos los días.

Focalizar la atención hace que por un momento evites el divagar, responder al mundo en tu cabeza con las respuestas emotivas y corporales asociadas.
Además, todos los días recibimos impresiones visuales (todo lo que vemos), auditivas (ruidos de la ciudad), etc., que se acumulan como basura psíquica. Al realizar esta concentración yóguica nos substraemos del mundo por un momento, limpiándonos de esta tensión mental. Cuando tu mente esta tranquila piensas mejor, vives mejor.

Que nuestra respiración este pausada y tranquila (a no ser que corras tres cuadras sin parar). La mayor parte de las personas respiran mal, es decir, sus hábitos respiratorios son muy deficientes. Si respiramos poco, llega poco oxígeno a la sangre. Tu metabolismo tiene poca energía, tanto para mover un dedo como para sentir y pensar. El sistema nervioso ocupa más del 50% del oxígeno que incorporamos; si no lo tiene, tu mente y tus sentidos se embotan, la irritación nerviosa aumenta, disminuyen los reflejos y éste no es el mejor modo de vivir.

Mucha gente, frente a situaciones de estrés, aumenta la frecuencia de su respiración contrayendo cuello y hombros y el corazón se desboca. Si esto sucede a diario, el malestar se hace crónico. La respiración yóguica ayuda a mejorar nuestros hábitos respiratorios aumentando la profundidad y con ello la capacidad pulmonar. Esto hace que nuestro organismo se sienta vitalizado, la mente más despierta y nuestra relajación más profunda.

Una mente más lúcida y clara, una respiración profunda y pausada y un cuerpo relajado y armonioso en sus movimientos, hace que la vida se sienta más plena. Pasamos de enfrentar al mundo a ser parte de él, con los seres que amamos. Este es el primer paso en el sendero del yoga. Desde aquí podemos mirar profundamente dentro de nosotros y esperar que el misterio de la vida se manifieste. Que Dios nos hable en lo íntimo de nuestro corazón. Desde este espacio, con este sentimiento, compartir con otros el milagro de vivir.

PURNA  YOGA     Escuela Advaita      Padre Hurtado 919     Las Condes           Santiago  Chile      (56-2) 884 79 41

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