Por Yogacharya Eric Manquez

Es divertida y alarmante la cantidad de cosas curiosas con que se asocia la palabra Yoga; con gente exótica, con turbante y taparrabos que hipnotizan a quien se le pone por delante. Con un amigo que fue a la india, regresó vestido de naranja y enfermo de espiritual; con la tía de alguien, que se pone patas para arriba para mejorar el cutis; con un montón de herejes que pertenecen a una secta que adora dioses falsos; una técnica para tener poder mental y leer los pensamientos; con un tipo raro que no come carne, no bebe alcohol, no dice malas palabras, con cara de santurrón, que se pasa el día con los ojos blancos mirando hacia el oriente un poco para arriba y que no es precisamente, el alma de las fiestas; con un gurú negro y guatón que embauca a gente ingenua para quitarles su plata; hasta con una niña preciosa que viste de blanco, come lechuguita y no toca el piso al caminar.

En vista de tantas caricaturas que se hacen del Yoga, valga una aclaración:

- Yoga no es solamente hacer posiciones raras y difíciles, como pararse de cabeza, enredar brazos y piernas o ponerse un pie detrás de la oreja. Hacer estas posiciones tampoco demuestra más evolución espiritual. Si así fuera, los artistas del circo estarían iluminados.

- Yoga no es estar todo el tiempo relajado, hacerlo todo lentamente como si fuéramos la nada misma, haciéndole un favor a la vida. Recordemos que la vida nos demanda cierta velocidad para realizar nuestro trabajo cotidiano. Tampoco hay que pensar que tenemos la eternidad por delante. No somos inmortales.

Yoga no es controlar las emociones y que todo nos dé igual. El Yoga nunca ha pretendido crear androides, sino personas conscientes de sus emociones. Son estas las que dan color y calor a la vida. Cualquier acto espiritual es principalmente emotivo. De modo que no se trata de no – sentir, poniendo cara de yo no fui. Se trata de sentir. Vivimos en un mundo afectivo. Si lo suprimimos, suprimimos la vida, la nuestra.

- Yoga no es plantear el antagonismo: lechugas contra carne. Es decir que haya que ser súpervegetariano. A alguien que practica en Punta Arenas, no se le puede exigir que coma sólo vegetales. Tampoco a los que viven en plena montaña, porque no tienen muchos vegetales. Ni terreno de cultivo, ni clima adecuado para su cultivo. Cosa distinta es en zonas templadas y tropicales. La alimentación depende de las zonas, culturas, familia y gustos personales. No es un dogma.

- El Yoga busca desarrollar un sexto sentido: el sentido común.

- Yoga no es quedarse quieto con los ojos cerrados divagando en nuestro mundo interior. Ni buscar imágenes, escuchar voces o sentir calor en la frente. Que veas un triángulo de color púrpura, la virgen de tu devoción o escuches al mismísimo Buda, sólo significa eso: que viste un triángulo color púrpura, la virgen de tu devoción y escuchaste al mismísimo Buda; no dice nada sobre tu evolución. Tampoco que hayas alcanzado un plano superior, como si este plano cotidiano en el cual vives fuera inferior. Si la multitud de imágenes o voces que podemos ver y escuchar con los ojos cerrados fuera indicio de gran espiritualidad, los esquizofrénicos harían seminarios para enseñarnos como lo lograron.

- Yoga no es vestir siempre de blanco. Como si esto nos transformara automáticamente en la espiritualidad misma. Hay que recordar que los hábitos no hacen al monje. Y Doña Violeta dice: “Muchos visten de blanco y Dios me libre por dentro”. Las ropas claras (blancas por ejemplo) predisponen, pero no confieren por sí mismas nada. Hay una actitud interior que da consistencia a lo que vestimos.

- Yoga no es un dogma. Donde siempre las cosas se tengan que hacer de una misma manera. El Yoga es una ciencia y como tal es existencial. Se atiene al proceso siempre cambiante de la vida. Y en esto está el beneficio que nos proporciona, al enseñarnos una actitud de confianza ante el fluir siempre cambiante de nuestra vida. Es esta actitud la que hace del Yoga un arte. El arte de navegar conscientemente nuestra existencia confiando en el viento y el oleaje, como en nuestro cansancio y en nuestra vitalidad. Confiando en que la vida está a favor de nuestra vida, no es contra. Confiando en que el arte del Yoga es expresión: es la expresión de nuestra vida. La humanidad del ser que somos.

En vista de tantas caricatura con que se asocia la práctica de yoga, yo me pregunto: ¿ en que  contribuimos nosotros, los profesores e instructores de yoga en aumentar estas caricaturas ?

 Purna Yoga – Escuela Advaita – Av. Pehuen 7287 Las Condes
(56)-9 98792848

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